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Viernes, 11 de septiembre de 2015
EL COLOR DE LA MAÑANA

Testamento de Don Quijote (según Quevedo)

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Ha caído en mis manos este testamento de don Quijote, y como buen seguidor de Cervantes y de su obra más famosa, ofrezcoselo a vos, estimado lector o quier plebeyo, para su lectura. Espero disfrute con él tanto como yo lo he hecho.

 

            De los muchos tratamientos del personaje cervantino, destaca el de Quevedo en el poema TESTAMENTO DE DON QUIJOTE [1]. La estructura de los testamentos es una de las modalidades del género de disparates, que responde bien a la concepción de don Quijote como loco objeto de irrisión. No hay en este poema ninguna crítica venenosa de Quevedo a Cervantes, ni una condenación particular del personaje como algún estudioso ha visto. Que el notario se vaya y el cura se salga es normal: solo alguien en sus cabales puede hacer testamento, y a los dementes no se administran los sacramentos simplemente porque quien no es responsable no tiene capacidad de recibirlos. Todo es una burla, otra más de las que sufre don Quijote, sin especial virulencia, sobre todo siendo quien es el autor. Añado unas pocas notas y recojo el texto según mi edición (en prensa) de El Parnaso español, que González de Salas preparó con la poesía de Quevedo.

 

De un molimiento de güesos

a puros palos y piedras,

don Quijote de la Mancha

yace doliente y sin fuerzas.

Tendido sobre un pavés,[2]

cubierto con su rodela,

sacando como tortuga

de entre conchas la cabeza;

con voz roída y chillando,

viendo el escribano cerca,

ansí, por falta de dientes,

habló con él entre muelas:

«Escribid, buen caballero,

que Dios en quietud mantenga,

el testamento que fago[3]

por voluntad postrimera.

Y en lo de “su entero juicio”

que ponéis a usanza vuesa,

basta poner “decentado”,[4]

cuando entero no le tenga.

A la tierra mando el cuerpo;[5]

coma mi cuerpo la tierra,

que según está de flaco,

hay para un bocado apenas.

En la vaina de mi espada

mando que llevado sea

mi cuerpo, que es ataúd

capaz para su flaqueza.

Que embalsamado me lleven

a reposar a la iglesia

y que sobre mi sepulcro

escriban esto en la piedra:

“Aquí yace don Quijote,

el que en provincias diversas

los tuertos vengó, y los bizcos,[6]

a puro vivir a ciegas”.

A Sancho mando las islas

que gané con tanta guerra

con que si no queda rico

aislado a lo menos queda.

Ítem, al buen Rocinante[7]

dejo los prados y selvas

que crió el Señor del cielo

para alimentar las bestias;

mándole mala ventura[8]

y mala vejez con ella,

y duelos en qué pensar,[9]

en vez de piensos y hierba.

Mando que al moro encantado[10]

que me maltrató en la venta

los puñetes que me dio

al momento se le vuelvan.

Mando a los mozos de mulas[11]

volver las coces soberbias

que me dieron por descargo

de espaldas y de conciencia.

De los palos que me han dado,

a mi linda Dulcinea,

para que gaste el invierno,

mando cien cargas de leña.

Mi espada mando a una escarpia,

pero desnuda la tenga,

sin que a vestirla otro alguno,

si no es el orín, se atreva.

Mi lanza mando a una escoba,

para que puedan con ella

echar arañas del techo, 

cual si de San Jorge fuera. [12]

Peto, gola y espaldar,[13]

manopla y media visera,

lo vinculo en Quijotico,

mayorazgo de mi hacienda.

Y lo demás de los bienes

que en este mundo se quedan

lo dejo para obras pías

de rescate de princesas.

Mando que en lugar de misas,

justas, batallas y guerras

me digan, pues saben todos

que son mis misas aquestas.[14]

Dejo por testamentarios

a don Belianís de Grecia,[15]

al Caballero del Febo,

a Esplandián el de las Jergas.»

Allí fabló Sancho Panza,

bien oiréis lo que dijera,

con tono duro y de espacio

y la voz de cuatro suelas:[16]

«No es razón, buen señor mío,

que cuando vais a dar cuenta

al Señor que vos crió

digáis sandeces tan fieras.

Sancho es, señor, quien vos fabla,

que está a vuesa cabecera,

llorando a cántaros triste

un turbión de lluvia y piedra.

Dejad por testamentarios

al cura que vos confiesa,

al regidor Per Antón

y al cabrero Gil Panzueca,

y dejaos de Esplandiones,

pues tanta inquietud nos cuestan,

y llamad a un religioso

que os ayude en esta brega.»

«Bien dices —le respondió

don Quijote con voz tierna—:

ve a la Peña Pobre y dile[17]

a Beltenebros que venga.»

En esto la Extremaunción

asomó ya por la puerta;

pero él, que vio al sacerdote

con sobrepelliz y vela,

dijo que era el sabio proprio

del encanto de Niquea,[18]

y levantó el buen hidalgo

por hablarle la cabeza,

mas viendo que ya le faltan

juicio, vida, vista y lengua,

el escribano se fue[19]

y el cura se salió afuera.

 

[1] Ejemplo del paradigma del testamento burlesco, construido sobre el esquema tópico de las «mandas» o legados testamentarios, y parcialmente atenido al género de los disparates. El romance es posterior a 1615, fecha de edición de la segunda parte del Quijote.

 

[2] 5-8 Evoca el episodio de Sancho durante el supuesto ataque a la Ínsula (Quijote, II, 53), con la imagen de la tortuga aplicada ahora a Don Quijote. Pavés es un tipo de escudo largo que cubre el cuerpo; rodela un escudo redondo más pequeño.

 

[3] 15 fago: como otros vocablos imita la fabla medieval.

 

[4] 17-20 decentado: la fórmula testamentaria puede modificarse ya que don Quijote no está en su entero juicio, sino que lo tiene decentado: decentar «empezar a gastar alguna cosa», arcaísmo en tiempo de Quevedo.

 

[5] 21 mandar: dejar en testamento un legado o manda.

 

[6] 35 tuertos: juego con los sentidos ‘agravio, sinrazón, injusticia’ y ‘sin un ojo, con la vista torcida’.

 

[7] 42-44 ‘dejo en herencia a Rocinante los prados’: o sea, nada.

 

[8] 45 «Yo le mando mala ventura, mándole mala ventura. Al que va desenfrenado y al que faltó amparo.» (Correas, refrán 24057).

 

[9] 47 pensar: dilogía: ‘reflexionar’ y «Vale echar de comer a los animales» (Autoridades).

 

[10] 49-50 Cfr. los episodios del Quijote, I, 16 y 17.

 

[11] 53-55 Quijote I, 4.

 

[12] 68 San Jorge: se invocaba a San Jorge al matar a las arañas; «San Jorge mata la araña» es frase coloquial «San Jorge mata la araña. Contra medrosos y para poco, que para nonada piden milagros y grandes favores.» (Correas, refrán 20698).

 

[13] 70 peto, gola y espaldar: piezas de la armadura que protegen el pecho, la garganta y espalda.

 

[14] 80 son mis misas: juega con la frase hecha «Esas sean sus misas; esas son sus misas. Cuando no son cosas buenas, sean del otro, y también en buena parte. Obras buenas sean, o son, misas.» (Correas, refrán 9546).

 

[15] 82-84 Conocidos héroes todos de libros de caballerías.

 

[16] 88 cuatro suelas: «De tres u de cuatro suelas. Modo adverbial que vale fuerte, sólido y con firmeza; y así decimos tonto de cuatro suelas» (Autoridades).

 

[17] 107-108 Beltenebros: es el nombre que toma Amadís durante su penitencia en la Peña Pobre: cfr. Quijote, I, 25.

 

[18] 114 Niquea: alusión al encantamiento de la heroína Niquea en el Amadís.

 

[19] 119-120 Acciones normales con un enfermo demenciado que no puede dictar testamento ni recibir decentemente los sacramentos, pues no es responsable en esos momentos. No tiene la escena implicaciones de rechazo de Quevedo hacia Cervantes y sus personajes ni cabe hacer otras inferencias ideológicas sobre la actitud de poeta y personajes respecto de las prácticas de la Iglesia católica y la normativa de administración de los sacramentos.

 

 

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