Aviso sobre el Uso de cookies: Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar la experiencia del lector y ofrecer contenidos de interés. Si continúa navegando entendemos que usted acepta nuestra política de cookies. Ver nuestra Política de Privacidad y Cookies
ImásInformación
Miércoles, 17 de febrero de 2016
OPINION

El acoso escolar

Guardar en Mis Noticias.

El acoso escolar

El suicidio del niño Diego González, de once años, alumno del colegio de los padres Mercedarios de Leganés y sobre todo la nota que dejó, puso sobre la mesa el problema del acoso escolar de manera clara; visibilizó para toda la sociedad algo que ya venía sucediendo y de lo que los medios de comunicación van informando en un continuo goteo.

La asociación madrileña contra el acoso escolar (AMACAE), ha cuadruplicado el número de casos registrados en 2015 con respecto al año anterior. ¿Quiere eso decir que ha crecido en esa medida? Probablemente no. Pero sí que se tiene más sensibilidad sobre este hecho y se denuncia más. Está claro que el problema existe y que es transversal. Afecta en primer lugar al alumno acosado, pero también a los acosadores, al resto del alumnado, al profesorado y a los padres; es decir, a la comunidad educativa y también al conjunto de la sociedad.

Cuando unos escolares se convierten en verdugos de otros compañeros hay que preguntarse en primer lugar qué están viviendo en sus casas, qué comportamiento están viendo en su entorno familiar y de amistades. En segundo lugar, hay que valorar la posible impunidad con la que puedan actuar en el colegio por dos causas: pasividad de parte del profesorado y de parte de sus compañeros, cuando no la complicidad de estos últimos.

¿Qué hacer? Entiendo que hay que abarcar el problema de manera integral. Por un lado, las autoridades políticas deben de elaborar leyes contra el acoso. Las autoridades educativas deben también de incorporar en los currículos de los centros escolares las maneras de medirlo, como punto de partida para plantearse objetivos de identificación y eliminación del mismo. Debe de actuarse sobre las propias familias en el sentido de concienciar sobre el problema, pues el hijo o la hija pueden estar entre los  acosados, los acosadores, los cómplices o los pasivos.

No olvidemos que el acosador del entorno educativo, el día de mañana puede ser un acosador laboral o un maltratador en el ámbito de la violencia machista. Parece que la sociedad ya está concienciada en cuanto al maltrato, pues ya es hora de que nos concienciemos del germen en la escuela. Hoy en día hay que vigilar más, si cabe, pues los móviles y las redes sociales hacen que se prolongue el sufrimiento más allá del mero ámbito escolar, y a edades cada vez más tempranas.

www.casimiropastor.blogspot.com

Acceda para comentar como usuario Acceda para comentar como usuario
¡Deje su comentario!
Normas de Participación
Esta es la opinión de los lectores, no la nuestra.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Imás Información. • Política de PrivacidadMapa del sitio
© 2018 • Todos los derechos reservados
Powered by FolioePress