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CUADERNO DE BITÁCORA
Martes, 9 de agosto de 2016
CUADERNO DE BITACORA

La España corrupta

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La España corrupta

 

Frente a la España asqueada, que nos describe magníficamente Luis María Ansón, se encuentra la España corrupta. La España sometida a un sistema generalizado de corrupción, desde tiempos pretéritos, donde el más tonto hace relojes, y el que no mama es un gil, que diría el tango. Un sistema de corrupción que alcanza a todos por igual; patricios y plebeyos, ricos y pobres. Una patología que se desarrolla en distintos niveles y escenarios, ya sean políticos, empresariales, o de la vida cotidiana de las familias. Y que por ser tan generalizado, se adapta con facilidad a los posibles huecos legales y de detección existentes, entre otras causas, porque aún existe bastante desconocimiento no sólo teórico, sino de instrumentos prácticos para hacer frente de forma eficaz a esta patología.

 

La corrupción es para el hombre, una cuestión inherente a la economía, y viene a ser condición indispensable, encubierta o no, de la mayoría de las transacciones con un fin económico desde el principio de los tiempos. Aunque es cierto que nunca ha estado tan ligada, como ahora, a la clase política, muy probablemente, porque nunca ha existido tanta información para los ciudadanos, la corrupción ha llenado a lo largo de la historia, cientos de miles, millones incluso, de páginas de prensa y noticiarios de todo el mundo. Tal es así, que las distintas academias de la lengua, la definen de una manera parecida, aunque señalando directamente a organizaciones, especialmente las públicas, en la práctica de la utilización de sus funciones y medios de aquellas en provecho, económico o de otra índole, de sus gestores.

 

Si buceamos un poco en la historia de España, nos encontramos los primeros vestigios de corrupción en el Siglo de Oro, por medio de la literatura picaresca castellana. Muchos y afamados han sido los autores que nos describen simpáticas aventuras de pícaros y corruptos, de señores y villanos, incluso de reyes, donde las comisiones por participar en turbios negocios y la especulación con las materias primas, era algo cotidiano. Algo parecido a lo que ocurre hoy en día, solo que en aquellos tiempos, con escasa información y, un sistema político blindado.

Por eso no es de extrañar, que en la España actual, se piense antes en las componendas de sus señorías, ya sean senadores o diputados, que en el bienestar general de los ciudadanos. Y se de la voz de alarma, desde los dos grandes partidos, cuando los beneficios de los políticos se ven amenazados. No importa el color ni las siglas a la hora de medrar, de vivir del cuento, de utilizar el sistema ideado por ellos mismos, para sacarle el mayor partido a los presupuestos del Estado. Por ello, no es de extrañar que se alcen voces críticas, cuando se atisba el peligro en el horizonte, y se pretenda castigar al culpable de tamaño despropósito, aunque sea el líder de su propio partido.

 

Tras los últimos escándalos de corrupción que nos muestran a diario los medios de comunicación; en España, urge una legislación de contratos públicos que promueva una efectiva competencia, con publicidad, y que impida las adjudicaciones a la carta o modificaciones indebidas de lo contratado. Es preciso un nuevo modelo de organización del sector público, con el fin de evitar que pueda ser utilizado como vía de escape a las normas de control y fiscalización de los dineros públicos. Pero sobre todo, es necesaria una reforma de las instituciones, la eliminación de miles de cargos públicos innecesarios y los privilegios vitalicios con que cuentan muchos de ellos.

 

España es el país de la Unión Europea que más políticos tiene. Por eso, igualmente, es el país que más corrupción soporta. No es fruto de la casualidad, si no de un sistema ideado y creado por ellos y para ellos, con el fin de beneficiarse de los recursos del Estado. Las últimas estimaciones realizadas apuntan, en este sentido, que podría haber más de 400.000 políticos en activo si se incluyen asesores y cargos de confianza. Si se tiene en cuenta esta cifra, en España habría así más cargos políticos que médicos, policías y bomberos juntos. La corrupción está servida.

 

Ismael Álvarez de Toledo

periodista y escritor

http://www.ismaelalvarezdetoledo.com

 

 

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