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CUADERNO DE BITÁCORA
Viernes, 2 de septiembre de 2016
CUADERNO DE BITACORA

Bascos contra Vascos

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Bascos contra Vascos

 

El verano da libertad y crea una sensación de bienestar que tiende a olvidar problemas y situaciones cotidianas que nos hacen infelices el resto del año. Pero también rompe la tranquilidad con que viven los naturales del lugar donde mayor número de turistas se concentran y, sobretodo, de muchos exilados vascos, que como el caso que nos ocupa, ven rota la armonía que les brinda el anonimato frente a sus paisanos.

Todos los veranos sucede de igual forma. Llegan los bascos a Benidorm, imperativos, altaneros y mordaces, y ponen en entre dicho a los vascos que allí viven durante todo el año. Se altera la costumbre de lo español, tanto en la música como en el vestir, incluso en el idioma, y miran por encima del hombro todo lo que en su tierra desprecian y niegan. El vasco de Benidorm, se siente amedrantado, perseguido, por los que insultan a España pero no pueden pasar sin ella, los caseros que hacen las maletas y le dicen al vecino que van a la capital a visitar a un pariente, y terminan en una playa de Benidorm, porque venir a España está mal visto. El vasco exiliado ya no puede lucir una camisa con la bandera de España sin padecer malas miradas incluso algún insulto, como diciendo, ya te pillaré por Gipuzcoa y te señalaré con el dedo, o este era el que llevaba una camisa con la bandera de España en Benidorm, el que se fue de aquí para no pagar las balas con que matábamos a otros vascos.

Tras mi periodo vacacional; en Benidorm, tomando contacto con muchos vascos con V, sigo constatando el miedo que albergan  la inmensa mayoría de ellos a enfrentarse a un retorno definitivo a las vascongadas y el rechazo social que tal decisión puede provocar entre sus vecinos bascos. Aunque hace seis años que ETA ha dejado de asesinar, extorsionar y amedrentar, y el temor al secuestro y asesinato va desapareciendo de la memoria de los vascos, el rechazo social sigue latente para aquellos que un día no tuvieron más remedio que autoexiliarse, abandonar la tierra de sus ancestros, de sus padres, de sus hijos, para no sucumbir a la barbarie de los otros vascos; los que se escriben con b.

Si en el resto del Estado hay dos españas, en Vascongadas, País Vasco, Euskadi, o como diantres se quieran denominar, según el grado de fanatismo que cada uno lleve en la sesera, existen dos tipos de vascos; los que empiezan por V y los que lo hacen por B. Una barrera infranqueable para una misma sociedad, unas mismas costumbres, para un mismo pueblo, que vive amordazado desde hace más de cincuenta años, porque a un iluminado se le ocurrió trazar una linea divisoria entre los vascos de toda la vida y los otros, los de nuevo cuño y viejas reivindicaciones, los salvadores de una patria que nunca existió, los que confundieron la lucha contra el franquismo por la lucha contra el capital, aunque fuese vasco, aunque fuese honesto. Como honestos fueron los históricos militares vascos que forjaron la historia de España desde tiempos pretéritos, aquellos que conquistaron tierras allende los mares, crearon ciudades, culturas sobre culturas, y civilización donde no la había, como los miles de religiosos vascos, que hicieron suya la santidad de Ignacio de Loyola y Martin de Loinaz, entre otros, también los empresarios vascos que hicieron grande la industria española desde el siglo XVII y, que aún hoy, pueden ver estampado su apellido en numerosas infraestructuras a nivel mundial. Y los otros bascos; los que se creyeron la patraña de un hecho diferencial, los que rompieron con los avances de una sociedad moderna y volvieron a la época de las cavernas, donde el hombre primitivo mataba a sus semejantes para gobernar un clan.

La reconciliación entre Vascos y Bascos es lenta, como una enfermedad congénita que no termina de curar, una situación compleja para unos y otros, tras el cese definitivo de la violencia, una situación que me recuerda al silencio de la Alemania derrotada por los aliados, con los nazis supervivientes, con la temeridad de vivir entre verdugos y asesinos y la necesidad de pasar página.

Euskadi, País Vasco, Vascongadas o Euskal Herría, deben afrontar la necesidad de una sola identidad, una sola tierra donde quepan todos; los bascos y los vascos, también los españoles que amamos esa tierra, y los que sin ser vascos, llevan décadas dejando su trabajo y su vida ante las miradas incógnitas de quienes se sienten superiores por tener un apellido diferente. Valentía se escribe con V.

 

Ismael Álvarez de Toledo

periodista y escritor

http://www.ismaelalvarezdetoledo.com

 

 

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