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CUADERNO DE BITÁCORA
Viernes, 16 de septiembre de 2016
CUADERNO DE BITACORA

El alma de mi pueblo es medieval

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El alma de mi pueblo es medieval

 

Cuando las sombras del verano se prolongan; y llega septiembre, cuando se acaban los festejos rurales, y los parroquianos se quedan solos, cuando España vuelve a la normalidad, a la cotidianeidad de las grandes urbes, y todo vuelve a ser como era antes del estío, llega la hora de hacer balance, de interpretar el sentido de la tradición más rancia que nos devuelve año tras año, a las viejas costumbres heredadas de nuestros ancestros.

 

Al meditar en los hechos realizados por el pueblo español, vemos que es éste un pueblo que vive inmerso entre la muerte y la resurrección, no en una esperanza, sino en una certidumbre de resurrección. Si uno sostuviera que esta obra la llevó a cabo en este pueblo, una suerte, o desgracia, de invasiones bárbaras que trajeron consigo el arraigo a la muerte como una forma de vida, esta postura sería efectivamente justa, si bien aquél halló en éste materia apropiada para realizarla. Es ella la esencia de la arrogancia a que se referían los Celtas cuando hablaban de los antiguos hispanos, o quizá de los íberos, antes de ellos.

 

“El alma de mi pueblo es medieval” dice con cierto orgullo Unamuno.  Pero no se refiere el gran pensador a lo intrínseco del alma, sino al concepto medieval en las costumbres del pueblo. Ese pueblo, que sea en la época y tiempo que sea, necesita reencontrarse con la muerte; propia o de los animales, que forman parte de las costumbres y de la vida misma. Ese primitivismo que nos alcanza en este siglo XXI y que es igual en todos los tiempos. Porque no hay festejo en la España estival que no tenga un componente animal, y un desenlace sangriento.

 

“La muerte es violencia”, escribió Ortega y Gasset. Lo fue desde el momento que el hombre empezó a tener conciencia de que su existencia se basaba en su independencia; desde que rompiendo la sobrehaz de su primitivo sosiego, vino el miedo a apoderarse de su alma. Ese alma medieval que necesita ahuyentar los miedos y vivir la fiesta con el sacrificio pagano de un animal. ¿Porque que otra cosa es el ritual festivo donde todo culmina con la muerte de un animal, sino un rito pagano heredado de nuestros ancestros?

 

Cuanto más misteriosa e inexplicable es la muerte, tanto más simbólico se hace su instrumento, el toro, irracional y fuerte como aquélla, y más alto se erige en objeto de culto, no pasivo, sino activo. Para los españoles, el culto que se le rinde al toro es para defender esta vida, para burlar a la muerte, arrebatándole su instrumento. Al toro se le ama tanto como se desea su muerte. Y en tanto que en otra parte este proceso se convertiría en una agonía vital, en un silencio misterioso, aquí en España, se convierte en fiesta.

 

El toro de lidia es el animal más bello que existe. Y desde los tiempos más remotos la fiera más común y más celebrada por su fuerza y su hermosura. Desde Oriente hasta Occidente las reseñas pictóricas y escultóricas confirman elocuentemente esta verdad. Por tanto no es de extrañar que aún en nuestro tiempo, el toro, siga siendo el principal protagonista en los festejos populares, y el instrumento que delata nuestra más íntima condición animal, porque fuera del coso taurino, donde la lucha entre el hombre y el toro tiene un sentimiento digno, aunque la dignidad acabe donde se pierde la vida; de uno u otro, el resto de festejos tienen un componente cobarde, tanto en cuanto, no existe el reto de uno contra uno; como en el toreo, sino que se utiliza a la masa para socavar la voluntad del animal, y donde en un principio existían vítores a la llegada de la res,  y elogios hacia su hermosura y bravura, pronto se convierten en un deseo animal sangriento, por escenificar la muerte más absurda y vil, de todos contra uno, donde la masa hace uso de sus más bajos instintos para acabar con la belleza derrotada del animal, dando paso a vítores y algarabías, cuando la muerte del toro, estampa su belleza sobre la arena.                                                                  

Ismael Álvarez de Toledo

http://www.ismaelalvarezdetoledo.com

 

 

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