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CUADERNO DE BITÁCORA
Martes, 13 de diciembre de 2016
CUADERNO DE BITACORA

Lo que queda de Europa

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Lo que queda de Europa
 

Hoy por hoy Europa es un despropósito. La Europa que conocemos, la vieja Europa con la que soñábamos y la Europa del futuro, no son más que quimeras dentro de un laberinto de ideas que no llevan a ninguna parte. Ya no queda nada, o casi nada, del concepto europeo que pretendió Konrad Adenauer, y que cada día que pasa se torna más apocalíptico.

 

Casi en el olvido quedan ya las buenas intenciones con las que comenzó este ilusionante y esperanzador proyecto europeo, que pretendía el bienestar de los pueblos que conforman esta parte del mundo. La vieja Europa, emparentada entre sí, garante del desarrollo y la modernidad del planeta. Primigenia en el concepto moderno de convivencia, a pesar de las numerosas guerras intestinas entre el poder político y la Iglesia, que con el paso de los siglos encontraba acomodo y unificaba pueblos para derribar fronteras y hacer más fácil la vida de sus habitantes.

 

Una crisis económica sin precedentes, un auténtico disparate en la gestión de asilo y refugio, y un desapego creciente ante la ausencia de los principios y valores con los que se creó la Unión Europea, están amenazando con hacer saltar por los aires el proyecto común. Un proyecto en el que hasta los propios ciudadanos europeos nos mostramos escépticos, a tenor de la poca autoridad con que se manejan las cuestiones que nos afectan a todos.

 

Primero fue la desigualdad entre unos países miembros y otros, a lo que siguió una mala gestión, incontrolada, de los recursos que se destinaban para apoyar el crecimiento de aquellos miembros, que como España, iban en el vagón de cola. Un ansia de crecer en optimismo que llevó a meter en el mismo saco a países con una economía saneada, con otros que apenas tenían para subsistir. Una amalgama de intereses que pretendían fundir en el crisol de la utopía un modelo de convivencia abstracto, con leyes y planteamientos comunes, de los que pasado el tiempo nadie haría caso.

 

Ante tal desatino en la gestión interna, la poca viabilidad del proyecto común y la ineficaz gestión migratoria y de política exterior que ha puesto en serio peligro el espacio Schengen, uno de los principales pilares sobre los que se asienta la Unión Europea, muchos ciudadanos de los estados miembros empiezan a preguntarse si de verdad esta UE es la misma que soñaron, la misma que se vendía a bombo y platillo, o más bien es algo que ha quedado en agua de borrajas.

 

Los primeros en darse cuenta del fraude que supone permanecer en el UE han sido los ingleses, que como siempre, nos llevan siglos de ventaja. Y cada día crece más el euroescepticismo entre quienes tienen alguna cuestión en manos de la arbitrariedad de Bruselas y ve como su país se salta las leyes a la torera y hace caso omiso a los dictámenes que deberían ser comunes a todos.

 

Pero al margen de los problemas internos entre los ciudadanos y sus representantes, ahora lo que está en juego es la pervivencia de la UE y su capacidad para hacer frente a las crisis del mundo real, que tal vez hayan sido la razón principal de las corrientes antieuropeas que estamos viviendo en todos los países miembros.

 

El problema de fondo de quienes toman soluciones en la UE es que siempre han actuado descoordinadamente. Siempre han estado desbordados, retrasados en sus respuestas, y sin soluciones de origen. Mientras otras potencias definen sus intereses y ponen todos sus activos y recursos, Europa carece de una visión común sobre qué hacer, y cómo hacerlo.

 

Ismael Álvarez de Toledo

http://www.ismaelalvarezdetoledo.com

 

 

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