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CUADERNO DE BITÁCORA
Lunes, 16 de enero de 2017
CUADERNO DE BITÁCORA

Patriotas de hojalata

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Patriotas de hojalata

 

El termino patriota viene a designar a la persona que “tiene amor a su patria y procura todo su bien”, así al menos lo refleja la RAE, pero el sentimiento que tiene que ver con el patriotismo, a veces, no se corresponde con el de muchos ciudadanos “ejemplares” que se dedican a la política, a la empresa o al mundo del deporte, por poner algún ejemplo, y que con su conducta atentan contra los intereses generales de los españoles, del bienestar de los más desfavorecidos o  del sostenimiento de la economía.

Los falsos patriotas, o patriotas de hojalata, como ya fueron bautizados, son los que se arrogan los colores que identifican a España, los que lucen con orgullo una bandera que mancillan día si día también, menospreciando a los que verdaderamente merecen el título de patriotas, que afortunadamente somos la mayoría de los ciudadanos, aunque algunos no se identifiquen con ningún movimiento político o social, pero que con su esfuerzo y trabajo  ayudan a que este país se levante cada día.

Como español, como patriota y como hombre libre, me repatea en los mismísimos que la indecencia de unos pocos, que se consideran poseedores de más derechos que el resto, guarden en su haber indecente tragedias como la del Yak-42, que segó la vida de 62 patriotas de verdad. Me duele que un gobierno donde sus miembros lucen pulseras con los colores de España, como si fuese de su propiedad, dejen en la estacada a cientos de militares que ya han cumplido los 45 años, sin la posibilidad de asegurarles un futuro para ellos y sus familias, en la administración del Estado, o en empresas de las que ellos usan puerta giratoria. Militares condecorados, muchos de ellos, por salvarnos el pellejo y librarnos de los malos. Militares aplaudidos por el pueblo en los desfiles, entrevistados por programas de televisión, militares con honor, y a los que los patriotas de hojalata les dan una patada en el culo cuando ya no son necesarios, mientras los políticos corruptos se llevan el dinero de todos a manos llenas.

Me duelen todos esos ciudadanos que no han podido soportar la presión económica, amparada por el Estado, y han acabado suicidándose, mientras los responsables dejan sus babas infectas en el besamanos ante el Rey. Los patriotas de hojalata no son servidores públicos, más bien se sirven de lo público para engordar a costa del Estado. Los patriotas de hojalata no se levantan al amanecer para ganar mil euros, eso es lo que les pagamos todos en dietas. Pero a la hora de comer llegan a mesa puesta a cualquier restaurante de lujo, con su corbata con los colores de la bandera de España, la pulserita dichosa del mismo tono y con la soberbia en el gesto, queriendo igualar el esfuerzo en la poltrona con el de un patriota que abre la tartera en la obra y se come la tortilla y el pollo seco que le hizo la parienta la noche anterior.

Me duelen esos patriotas de hojalata que se llevan el dinero fuera de España, que ni tienen la decencia de aguantar el tipo mientras suena el himno español cuando consiguen un premio. Un premio que nos llena de orgullo a los españoles, pero que ellos pisotean al no contribuir a un Estado que necesita esos recursos para pagar cultura y sanidad, por poner un ejemplo. Patriotas de hojalata son los políticos que buscan el modo de que los bancos no paguen el dinero robado de más por las clausulas suelo. Los que dejan gobernar a un partido corrupto para no perder ellos su situación de privilegio y las prebendas, una vez que dejen el cargo. Los que dejan en la puerta de un ministerio, como perros, a soldados heridos en acto de servicio.

No me vale que un patriota de hojalata visite a nuestros soldados en misiones exteriores y pasados unos años no se acuerden de ellos, cuando verdaderamente lo necesitan. No me valen los aplausos en los desfiles, ni los ¡vivas! Si quitamos los derechos a nuestros guardias civiles, si les quitamos la protección del Estado frente a los delincuentes. No me vales tú, patriota de hojalata, que permites los continuos agravios a quien te defiende, a quien se deja el sudor para que puedas estar plácidamente reposado en un escaño, o dirigiendo una gran empresa que se lleva los beneficios a paraísos fiscales.

                                                                

Ismael Álvarez de Toledo

http://www.ismaelalvarezdetoledo.com

 

 

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