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Casimiro Pastor
Miércoles, 1 de febrero de 2017
DESDE MI LIBERTAD

La banderita española

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La banderita española

 

Con el título de esta crónica no pretendo traer a colación la canción del mismo nombre,interpretada por las bandas de música del ejército español desde hace muchos años. Tan solo quiero destacar un hecho que me llamó la atención el pasado domingo, con motivo del partido de fútbol televisado entre el Betis y el Barça, en el Benito Villamarín de Sevilla: al filo del descanso, las cámaras enfocaron hacia un grupo de aficionados del club sevillano. La mayoría lucía bufandas y otros abalorios propios del club, agitándolos al viento; por cierto, los colores béticos coinciden con los de la bandera autonómica andaluza. Un solo aficionado agitaba una banderita española, a modo de talismán, apuntando hacia un grupo de futbolistas del club catalán.

 

Me imagino a esos jugadores, si es que la vieron, juzgándola con la indiferencia de un elemento extradeportivo en aquellos momentos. Verían con la normalidad de un equipo visitante todo cuanto tuviera que ver con la afición del campo rival. Estoy seguro de que ese aficionado se sentiría orgulloso de lo que estaba haciendo y veo normal que estuviera igualmente orgulloso de nuestra bandera, la de todos. Pero yo me pregunto por su actitud: ¿Qué  pretendía ese aficionado azuzando nuestra bandera hacia unos futbolistas, como si de una película de Dráculase tratara, mostrando el crucifijo al vampiro para conjurar el mal?

 

Algún lector puede pensar, y no le quito la razón, que ese club de fútbol puede haber tenido veleidadesque se pueden interpretar como próximas al independentismo catalán. Entiendo que no se deben de mezclar churras con merinas, como decimos en La Mancha. Una cosa es el deporte y otra muy distinta es la política, y cada uno tiene y debe de tener su propio espacio. El F.C. Barcelona sabe o debe de saber que tiene aficionados que trascienden a Cataluña; es más, trascienden a España. Hay aficionados en muchos países, incluso en otros continentes. También los jugadores son de diversas procedencias mundiales. Así pues, utilizar el Camp Nou para temas de política local o autonómica con ocasión del fútbol no parece lo más adecuado.

 

Distinto es cuando se trata de un partido de la Selección, que representa a España. En general, vamos a centrarnos todos y a defender nuestros colores en los campos de fútbol; los colores de nuestros equipos, naturalmente. Los colores políticos tienen otros ámbitos, que por cierto son muy amplios. Dejemos al deporte lo que es del deporte, a la política lo que es de la política, al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.

www.casimiropastor.blogspot.com

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