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CUADERNO DE BITÁCORA
Lunes, 24 de abril de 2017
CUADERNO DE BITÁCORA

Guerras no convencionales

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Los seres humanos, salvo contadas excepciones, somos una especie benévola y tranquila. Puede que la historia venga cargada de guerras desde el inicio de los tiempos, pero todas ellas han tenido como denominador común un ansia insaciable de poseer lo que tienen otros, o de conquistar lo que no es de nadie, al margen de la capacidad de obrar el bien que nos define como seres civilizados.

 

En la historia, las guerras se han combatido con más guerra, la sangre con más sangre y el rencor con un odio exacerbado. Pero en los tiempos modernos, donde ya no hay guerras como las de antaño, y todo se circunscribe a controlar y poseer los bienes y riquezas que tienen los demás, surge el desprecio más absoluto por la vida, por la condición humana, que reniega de las guerras tradicionales en las que se hace uso del honor.

 

Las guerras de ahora no son honorables. No quiero decir que las de antes si lo fueran. Pero dista mucho la forma en que se suceden los daños colaterales, entre unas y otras. Ya que, precisamente, las guerras con menor rédito económico y mayor desgaste, no son las que tienen como contendientes a dos bandos sustancialmente opuestos, sino que son las que se libran contra la población civil.

 

La guerra en Siria, que está afectando a todo el planeta, según a la distancia que nos encontremos del epicentro, tiene como principal motivo el control de las materias primas que posee este país y su distribución por parte de terceros, todos ellos con nombre y apellidos. Pero como no se trata de una guerra al uso, como las de antes, se disfraza o maquilla de tal manera, que los buenos parece que son los malos, y los malos, que hasta ahora no existían, aparecen transformados en grupos terroristas con supuesta identidad religiosa, mientras sus promotores mueven los hilos de la guerra desde lujosas mansiones, rodeados de riquezas.

Esta no es una guerra convencional. Esta es una guerra que tiene flecos por todas partes. Todo el mundo señala a países como Arabia Saudí como principal responsable de esta catástrofe mundial, por los intereses que tiene en el comercio de crudo y gas, pero lejos de poner las cosas en su sitio y llamar al orden al país saudí, los líderes de todo el mundo les rinden pleitesía y claudican, a cambio de sustanciosos contratos.

 

La condición humana, en el desprecio más absoluto por sus semejantes, permite que haya cientos de miles de desplazados por la guerra, vagando por toda Europa, en busca de un lugar donde sobrevivir, donde poder descansar sin miedo a perder el don más preciado de nuestra efímera existencia; la vida. Mientras los líderes mundiales miran para otro lado, y calculan las perdidas humanas a precio de brent. Como si fueran daños colaterales de los que nadie se hace responsable, mientras ellos siguen haciendo negocios con los malos malísimos y sobrevuelan la miseria humana en lujosos aviones.

 

La guerra de Siria no convence ni se acaba porque es una guerra inventada. Por eso nadie se pone de acuerdo en buscar un final. La guerra de Siria tiene dos bandos, eso sí, los miserables que la han alentado y provocado, en contra del pueblo sirio, y las partes en conflicto bélico, grupos terroristas utilizados como arma arrojadiza para conseguir unos fines que no se pueden obtener con guerras convencionales, y la población civil que no tiene capacidad de defensa y se encuentra en medio de un fuego cruzado, y huye despavorida por un mundo insensible, que tiene las puertas cerradas y el corazón de piedra, mientras siga el gas dando confort a nuestros hogares y el petroleo saudí mueva nuestros coches.

 

Ismael Álvarez de Toledo

http://www.ismaelalvarezdetoledo.com

 

 

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