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Rafael Castellanos
Lunes, 8 de mayo de 2017
EL COLOR DE LA MAÑANA

SOBRE DIMES Y DIRETES

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Sé que alguno de ustedes, lectores habituales de este espacio estarán esperando -o quizá, no- alguno de mis relatos que ya van siendo habituales en este aforo digital.

Pero no. En esta ocasión no vengo a escribir ninguna historia, aunque sería mi gusto hacerlo.

Esta vez, con respecto a las anteriores, las circunstancias son otras.

Quiero -vengo- a hablarles de ciertos comentarios vertidos en Almodóvar del Campo sobre mi persona. Empezaré diciendo que son ya muchos años, muchos, los que estoy yendo a ese pueblo. Entre otras cosas y como circunstancia principal, porque me encuentro a gusto allí. Tengo muchos amigos, o al menos así los considero. Me han pasado aquí muchas cosas, casi todas ellas buenas; he pasado muy buenos ratos -y los que me quedan- y también momentos muy duros. He reído, he llorado, he sentido impotencia a veces y rabia, otras. He perdido también a algunos amigos y he visto como otros han perdido madres, padres o, incluso, hijos. Puedo presumir -y presumo- de ser, si cabe, uno más entre ellos.

Pero este año, como digo, algún -o alguna- maldiciente se ha atrevido a verter unos comentarios infundados sobre mí. Me tacha en ellos de haber o de tener una relación homosexual con uno de vuestros paisanos. No voy a dar nombres por cuestiones obvias pero vengo a desmentir esos comentarios. No voy yo a ese maravilloso pueblo a que me levanten los pies del suelo, entre otras cosas porque lo que se dice, o se cuenta de mí, es totalmente falso.

Como pueden comprobar a lo largo de estos últimos años, siempre que he escrito en este espacio, he firmado lo que escribo con mi nombre y mis dos apellidos. En una palabra, doy la cara. Quien me conoce sabe que, al hablar, me pasa igual. No me suelo esconder de nadie y se sabe lo que digo, cuando lo digo y cómo lo digo.

Poco hombre es aquél que me levanta falso testimonio y le reto, desde estas líneas, a dar la cara como yo lo hago y si tiene lo que tiene que tener -cosa que dudo- me diga a la cara cuando, dónde y en qué circunstancia me ha visto encamado con otro hombre.

Mira, me vas a permitir que te tutee porque tú mismo te has faltado el respeto. Lo que digas de mí me da igual. Tengo novia y ella sabe lo que hay y lo que no hay. Y si sigues pensando que hoy homosexual, me vas a dejar a tu hija, si la tienes, que le voy a demostrar cuán grado tengo de homosexualidad. Y si no la tienes y ya que me tachas de lo que no soy, te me vas a poner delante, de rodillas, en actitud orante para que mantengas tu lengua ocupada y así dejes de hablar de lo que no has visto.

Sobre la persona con la que dices que me has pillado en la cama, no voy a hablar pues tiene familia y bastante mal lo están, estarán o lo habrán pasado. Él sabe lo que hay entre nosotros, una buena y espero duradera amistad.

Tienes muy poca vergüenza, por no decir ninguna. Y una vez más te reto a que des la cara. No te la voy a partir, pero te voy a decir cuatro cosas mirándote a ella. Yo no me escondo de nadie, y menos de ti. Tú, por el contrario, amparado bajo el anonimato que da la vergüenza ajena, sí.

Poca y mala vida tienes si tienes -y valga la redundancia- que andar inventándote la de los demás y sólo te pido que hables de mi vida cuando la tuya sea un ejemplo a seguir o imitar.

Poca y mala vida tienes y menos aún vida sexual, para andar inventando sobre la sexualidad de cada uno de los demás, quizá eres tú el MARICÓN -con perdón de la expresión, pero en este caso sí que la digo en tono despectivo- y más de una vez -con total seguridad- te habrás tocado pensando en algún tío.

Te aconsejo que, en lugar de hablar de mi vida, folles más -aunque sea con hombres- y se te vaya ese carácter avinagrado que te caracteriza.

¡Qué pena me das! Pena y asco. Llevo muchos años aquí, entre vosotros, los de Almodóvar, y no he tenido nunca con nadie un ten con ten, ni lo voy a tener. Pero te tengo ganas. Si supiera quién eres te juro que te diría cuatro cosas bien dichas y te llevaría a un juzgado por daños, perjuicios y falso testimonio.

Se te iban a quitar las ganas de hablar de nadie.

No sé cuántos años tienes, pero seguro que aún siendo más viejo que yo, no habrás yacido ni con la mitad de la cuarta parte de lo que he hecho con mujeres. Dedícales más tiempo a ellas -o a ellos, que cada cual busca sus placeres donde mejor le conviene- en vez de criticar y hablar de mí a mis espaldas, diciendo mentiras y falacias.

Voy a ir terminando porque ya te he dedicado más tiempo del que te mereces.

Sólo espero y deseo, y que conste que no me gusta maldecir ni desear mal a nadie, que seas tú mañana el objeto de comentarios, burlas y/o mofas.

Lo que voy a reír si llegara el caso y llegara a saber quién eres.

Eres lo peor y un mal ejemplo para ese pueblo de quijotes, Cervantes y Dulcineas.

Si querías hacer daño, a mi no me lo has hecho, porque lo que digas me resbala por la espalda hasta llegar a la canal maestra, que es por donde sale la mierda, que es lo que eres tú.

¡Ah, antes de que se me olvide y para acabar con esto de una vez! Ten por cuenta que si yo fuera homosexual, no tendría ningún reparo ni objeción en reconocerlo, así como tampoco tengo ningún problema con los homosexuales. Tengo algún amigo que otro que lo es y te puedo asegurar que los prefiero a ellos antes que a heterosexuales bocazas como tú.

¡Que Dios se apiade de tu alma y te eche por dó no hagas daño! ... y me quedo corto...

 

Rafael CASTELLANOS SOLANA

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