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DESDE EL CAÑAVERAL
Jueves, 25 de mayo de 2017
DESDE EL CAÑAVERAL

¿Pedro Sánchez tiene margen de cambio para su PSOE?

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Hemos asistido en estos días a una lucha, un tanto dura, por conseguir los votos suficientes para gobernar un partido socialista envuelto en una de las mayores crisis que jamás ha tenido, a lo largo de su historia; posiblemente comparable a lo ocurrido en el año de 1936 cuando la unión del PSOE con el partido comunista de España  lograron lo que se ha denominado  Frente Popular que terminó en un golpe de estado primero dado por ellos mismos y después por las fuerzas del General Franco ante el caos social y los crímenes cometidos contra indefensos ciudadanos, pero consentidos por las fuerzas políticas que gobernaban esta nación.

Ha ganado las elecciones, por segunda vez, Pedro Sánchez, apoyado por las bases del partido mientras su contrincante Susana Díaz, la favorita de la élite gobernante del PSOE, se ha quedado en la estacada consiguiendo un 39.8% de los votos y perdiendo,prácticamente, en todas las comunidades autónomas menos en Andalucía y el País Vasco. En definitiva, podríamos decir, que los presidentes autonómicos, los expresidentes del partido y del gobierno, los militantes que ocupan altos puestos de responsabilidad en el partido han sido derrotados por los militantes de base, que masivamente han apostado por un líder que ha perdido dos elecciones nacionales y que se ha opuesto, con todas sus fuerzas, a que Rajoy sea presidente de España con su famoso “NO” ¿Qué parte no entiende de este NO?

Lo ocurrido es muy grave para un partido socialista que, hoy,  gobierna en muchas comunidades autónomas, en muchas diputaciones provinciales y en muchas capitales de provincia. Estos líderes deben haber sentido en sus propias carnes el rechazo de sus bases a las políticas que, en la mayoría de los casos, fueron pactadas por el anterior secretario general que no era otro que Pedro Sánchez quien dio el visto bueno a los pactos, en estas instituciones antes mencionadas, con Podemos y sus confluencias. Los presidentes autonómicos han sido votados por  los ciudadanos pero también por los militantes del PSOE y no se entiende muy bien este divorcio producido entre unos y otros en tan poco espacio de tiempo.

No debemos olvidar que Pedro Sánchez fue destituido por el Comité Federal  del PSOE máximo órgano de gobierno del partido entre congresos y lo fue por un hecho muy sencillo y de una gran trascendencia política y social para España, su oposición rotunda contra Rajoy porque representaba nada menos que la corrupción en su grado máximo, cuando el mismo Pedro Sánchez sabe que el único partido condenado por corrupción, a lo largo de toda la historia democrática española, ha sido el partido socialista gobernando Felipe González en 1987 y  cuando conoce perfectamente queel mayor atraco a las arcas del estado se ha cometido en Andalucía con los famosos ERES. Los líderes socialistas actuaron, en aquel momento, con cordura y sabiduría porque sabían que si iban a nuevas elecciones los ochenta y cinco diputados de la anterior confrontación electoral se quedarían en setenta y entonces sí que iban a ser superados por Podemos lográndose el famoso sorpaso  que anunciaba Pablo Iglesias.

Ahora el nuevo dirigente socialista lo tiene muy difícil por muchos motivos; en primer lugar debe poner orden en su casa y, digo su casa, porque ésta se encuentra gobernada por los presidentes autonómicos, presidentes de diputación, alcaldes y un largo etcétera que consiguieron la responsabilidad política con un modelo de partido socialdemócrata que abandonó la luchas de clases, el marxismo leninista y apostó decididamente por ese centro izquierda que le hizo ganar las elecciones en diferentes confrontaciones nacionales. Quiere cambiar el partido y hacerlo a imagen y semejanza de cómo lo quieren las bases o afiliados  que, a voces y en asambleas, a semejanza con Podemos, ocupan las calles y patalean en el parlamento español haciendo caso omiso a la presidenta del hemiciclo.

Cambiar las reglas de juego va ser casi imposible porque él  no va a tener las suficientes fuerzas políticas para hacerlo y porque  los estatutos del partido concentran todo el poder en el Comité Federal y en el nuevo congreso que se avecina. Girar más hacia la izquierda es sin lugar a dudas un gravísimo error político y una deriva a ninguna parte porque ese espacio político está bien ocupado por los comunistas de Podemos que quieren subir los impuestos, que  odian al centro derecha, que quieren repartir lo que no  tienen, que predican lo que no cumplen y que apuestan decididamente porque el sistema bolivariano siga matando jóvenes en las calles que protestan por el peor de los gobiernos que jamás ha tenido la nación hermana.

Los ciudadanos estuvieron un día con el partido socialista porque tuvieron fe en él y porque estaban convencidos que sus gobiernos lo eran para solucionar los problemas del  día a día pero nunca creyeron en el odio y en el rencor como elementos imprescindibles para ocupar los puestos de responsabilidad. De ninguna manera se puede adquirir la confianza cuando solamente se habla mal del contrario, cuando únicamente el odio y la animadversión son las armas que uno tiene para atacar al compañero. Es posible que el centro derecha español haya cometido muchos errores y es imprescindible hacerlos visibles para que nunca más se repitan pero cuando uno desea alcanzar el gobierno debe tener presente otras muchas alternativas y propuestas que convenzan a los futuros votantes.

Casi siempre se han impuesto las propuestas más nobles y posibles pero éstas nunca deben ser confundidas  con las agrias denuncias de los males ajenos. Posiblemente es necesario unir mucho más a la militancia con las ideas renovadas pero permanentes del POSOE de hoy y el de ayer y que se encuentran visibilizadas en los gobiernos municipales,  provinciales y regionales. Si Pedro Sánchez quiere cambiar el partido debe empezar por cambiar el mismo y ajustarse a los principios democráticos  que han dado  y siguen dando vida a la socialdemocracia europea. De no hacerlo así tendrá un gravísimo problema entre los líderes de su partido en primera instancia y después con los mismos militantes que ayer le aclamaban en Ferraz como presidente. Es verdad que puede ser presidente pero de un gobierno formado con Podemos, los independentistas, y las fuerza que no condenan el terrorismo y entonces todos nos tendremos que poner a temblar porque un nuevo Frente Popular se instalará en el gobierno de España y eso es sencillamente lo peor que puede pasarle a este país. Siempre la avaricia rompe el saco como dice el refrán y no hay dos sin tres. Pedro Sánchez  debe meditar muy bien lo que le dice la razón y no hacer caso de lo que le manda el corazón y la señora Lastras le indica porque de hacerlo como ella señala el partido socialista tendrá gravísimos problemas  de ruptura interna.

 

 

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