Aviso sobre el Uso de cookies: Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar la experiencia del lector y ofrecer contenidos de interés. Si continúa navegando entendemos que usted acepta nuestra política de cookies. Ver nuestra Política de Privacidad y Cookies

CUADERNO DE BITÁCORA
Lunes, 10 de julio de 2017
CUADERNO DE BITACORA

Navarra no es Vasconia

Guardar en Mis Noticias.

No tengo constancia de que exista algún país democrático que, al margen de los EEUU, tenga una Ley Patriótica que sirva para sancionar conductas que atenten contra los símbolos del Estado y los actos que redunden en perjuicio de lo anterior. Si bien, el objetivo de esa Ley es ampliar la capacidad de control del Estado en aras de combatir el terrorismo, mejorando la capacidad de las distintas agencias de seguridad estadounidenses al coordinarlas y dotarlas de mayores poderes de vigilancia contra este tipo de delitos, lo cierto, es que se viene aplicando por los diferentes estados contra aquellos ciudadanos que desprestigian sus símbolos nacionales, entre los que se cuentan la quema de la bandera de las barras y estrellas.

 

En España, como carecemos de ese sentimiento patriótico, ya se ha hecho costumbre quemar la bandera que nos identifica como ciudadanos españoles, el retrato del Jefe del Estado, o la pitada al Himno Nacional, algo que en cualquier país de nuestro entorno, de los que tanto nos fijamos para lo que nos conviene, estaría penado o muy mal visto. Pero lejos de ponerme a valorar el modo en que cada uno percibe el sentimiento nacional hacia su país, hacia sus convecinos, incluso hacia los del rellano de su escalera, quiero destacar el hecho de quienes son traidores hacia ellos mismos.

 

Qué un ciudadano amparado en un colectivo y en la libertad de expresión que le otorga el vivir en un país democrático, se mofe, insulte o menosprecie los símbolos que son de todos, dice mucho de su catadura moral como individuo que vive entre personas civilizadas que no piensan como él. Pero cuando esa actitud la lleva a cabo un servidor público, debería ser sancionado de la forma más contundente posible, incluso apartado de su cargo de manera fulminante, por traición a los ciudadanos que representa y al Estado, Comunidad o Ayuntamiento al que sirve.

 

Eso es lo que ocurre en la Comunidad Foral de Navarra donde, unos pocos ciudadanos, se dedican a mancillar los símbolos y costumbres de una de las tierras más nobles y antiguas del Estado Español, para  confundir a las nuevas generaciones con una historia inventada, donde los que no son nadie, se ven algo, y los que fueron son y serán,  se ven abducidos por símbolos y banderas que no les son propias.

 

Debería existir una Ley que penara la traición. Sobretodo las de los cargos públicos que prevarican y se saltan a la torera las leyes que nos rigen a todos. Pero sobre esa Ley, debería existir la del desprecio más absoluto de los navarros hacia quienes los quieren hacer vascos a la fuerza, por imposición de símbolos, de lengua, de banderas.

 

Navarra vive una dicotomía exacerbada, entre lo que es y en lo que la están convirtiendo los sanguinarios y violentos vecinos del norte, quienes a punta de pistola y al más puro estilo mafioso, han ido  secuestrando voluntades, para apropiarse de ayuntamientos e instituciones, arropados por traidores que defecan en la historia de este noble pueblo, lo arrinconan y someten un día sí y otro también.

 

Navarra, desde los tiempos de Iñigo Arista, ha sido una pieza fundamental en la construcción del Estado Español. Podría decirse, incluso, que no se entendería la Historia de España sin Navarra, sin la particularidad de su territorio, sin la calurosa afectividad de sus gentes, mucho antes de que los traidores asumieran las instituciones y convirtieran a esta noble Comunidad Foral, en la despensa del independentismo vasco, en la cantera de un despropósito que ya por viejo queda obsoleto.

 

Los navarros son sabios, tranquilos, trabajadores, pero nunca resignados, y lo que la crisis económica ha traído políticamente a estas tierras, se marchará por donde ha venido, aunque los traidores al pueblo navarro se queden dentro. Esos traidores que aprovechan Sanfermines para exhibir símbolos, banderas y panfletos de otro lugar. Traidores que tratan de confundir a turistas y nacionales de que se hayan en algún lugar de la vasconia arrasada por el terrorismo etarra, en lugar de la noble Navarra que cuenta la jota creada para los hermanos Anoz, por  Ignacio Román y Rafael Jaén.

 

Ismael Álvarez de Toledo

http://www.ismaelalvarezdetoledo.com

 

 

Acceda para comentar como usuario Acceda para comentar como usuario
¡Deje su comentario!
Normas de Participación
Esta es la opinión de los lectores, no la nuestra.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Imás Información. • Política de PrivacidadMapa del sitio
© 2018 • Todos los derechos reservados
Powered by FolioePress