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CUADERNO DE BITÁCORA
Viernes, 14 de julio de 2017
CUADERNO DE BITACORA

La sociedad dormida

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No seré yo el que ponga en cuestión cualquier homenaje que se realice a las víctimas del terrorismo de ETA, venga de donde venga, entre otras cosas porque es algo que me ha tocado muy de cerca. Pero también, porque es una forma de mantener viva, aunque sea en el recuerdo, la memoria de todos y cada uno de los vilmente asesinados, además de por las balas y las bombas etarras, por el silencio de sus cómplices, de los políticos del momento, incluso por una sociedad dormida a la que le dio igual, durante muchos años, que las víctimas fueran servidores públicos, por el mero hecho de llevar un uniforme.

Los que en aquellos años de plomo vestíamos uniforme, estábamos plenamente convencidos de que el terrorismo aflojaría, y se plantearían soluciones, en el momento que las balas se dirigiesen para otro lado, en el momento que cada uno de los asesinados tuviera mayor repercusión social que los simples guardias y policías, que buscando en la vocación de servir un medio de vida, eran enviados al País Vasco sin ninguna garantía de resolución de un conflicto político que nadie estaba dispuesto a mediar.

Podría entrar en muchos detalles de todo aquello, detalles que amplío en mi libro Diario de una terrorista, pero no es el lugar. En cambio si que quiero hacer una llamada de atención sobre el silencio que se producía en la sociedad, el mutismo de muchos políticos y la poca implicación de los medios de comunicación, que cambiaron sustancialmente de actitud cuando las víctimas, en lugar de llevar uniforme verde o marrón, y se las identificaba por su profesión, pasaron a tener nombre y apellidos y un partido político que los respaldaba.

Se que mis palabras escritas pueden tener más detractores que adeptos, y que pueden levantar ampollas y discrepancias, por supuesto. Pero no por ello están cargadas de menos razón. Por desgracia, en nuestro país, somos más de reivindicaciones individuales que colectivas, también nos ocurre cuando se trata de denostar a alguien, como si nuestra crítica tuviera necesariamente que tener un destinatario.

Cuando se acaba de cumplir el veinte aniversario del vil asesinato de Miguel Ángel Blanco, y la repercusión mediática y política que ha tenido, no puedo dejar de pensar en las otras víctimas del terrorismo, también, por supuesto, de los civiles; mujeres y niños, de los que se habla aún menos. Y a uno le da la impresión de que hasta en la forma empezara de tratar una cosa y otras, hay una diferencia abismal, de la que tienen mucho que decir los medios de comunicación y esta sociedad dormida, que sólo despierta cuando se la instiga mediaticamente.

Desde mi fuero interno, y con el máximo respeto a lo que representa para la sociedad española la figura de Miguel Ángel Blanco, pienso si se obraría de igual manera, si esta víctima; una más, hubiera llevado uniforme, en lugar de pertenecer a un determinado partido político. Si los medios de comunicación no hubieran alentado a las masas para buscar un héroe concreto, dentro de la barbaridad que ya había sobrepasado los límites de lo coherente muchos años antes.

Puede que tras el asesinato de Miguel Ángel Blanco, se despejaran muchas incógnitas, que la sociedad dormida por fin a reaccionar, e incluyo a la sociedad vasca, de la que habría que hacer un resumen aparte. Como digo, puede que hace veinte años se dieran las circunstancias para buscar soluciones al terrorismo, que antes no se habían dado, puede que todos y cada uno de nosotros sintiéramos especialmente el terrible suceso que acababa de ocurrir. Pero en cada homenaje que no se hace a las otras víctimas del terrorismo, estamos dejando un tremendo olvido, un vacío irreparable, un héroe incógnito, porque la muerte no es muerte mientras permanece el recuerdo, y ello supone dar margen a los asesinos de esos héroes, porque ni la víctima tiene nombre ni apellidos, ni el asesino tampoco.

La sociedad española, en su conjunto, salvo ligeras excepciones, ha estado muchos años dormida e impasible ante lo que estaba sucediendo, como si los dramáticos sucesos que se contaban a diario en las televisiones se produjeran a miles de kilómetros de nuestras casas, por eso, desde aquí, desde estas líneas, mi reconocimiento a Miguel Ángel Blanco, porque con su martirio, la sociedad civil pudo despertar, y las otras víctimas, las incógnitas, dejaron de ser menos.     

 

Ismael Álvarez de Toledo

http://www.ismaelalvarezdetoledo.com

 

 

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