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@jcmjulian
Lunes, 17 de julio de 2017
CAMINANDO

EL SEÑORITO (I)

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No hay nada tan excelente como la sabiduría popular en nuestros pueblos. Suelen poner "motes", apelativos, que responden a la verdad más absoluta. A este le pusieron "el señorito". Y como un señorito ha vivido, sin dar palo al agua, viviendo de la mentira y el estupro. Con una formación académica nula, entendió que con su verborrea y su traje de Armani (comprado en el mercadillo) podía vivir de los demás. Fracasó estrepitosamente en su primer negocio (tenía que trabajar y trabajar no era lo suyo). Quiso el destino que se le apareciera la virgen en forma de contrato con una gran institución. Y ahí metió las narices. Se ganó al responsable y con su labia sobrevivió muchos años. Con sus trajes de mercadillo y con kilos de gomina sujetando sus cuatro pelos, se puso el horario de trabajo que más le convenía. El señorito nunca llegaba antes de las 11; asomaba la cabeza para que lo vieran y se iba a tomar las cañas de la mañana; al volver al trabajo, se dejaba ver de nuevo (sobre todo que lo viera su jefe), y se iba a comer (siempre con alguien; en esa época se buscaba quien le pagase la comida). Después de la comida, llegan las copas. A eso de las siete de la tarde, volvía al trabajo. A esa hora pocas visitas se pueden hacer. Daba "la cabezá" y sobre las diez de la noche se iba a cantar a un karaoke. Allí cantaba y bebía. Cuando estaba lo suficientemente caliente,  se iba al puti-club en busca de alguna mujer que le hiciera una felación... o más. Borracho como una cuba, con la gomina sudada, y los cuatro pelos colgando, cogía su coche y volvía a su casa. Allí, la confiada mujer, le esperaba no entendiendo ese sacrificado trabajo que le hacía llegar, día tras día, a las tres de la mañana. "Que duro es esto", le decía a su ingenua mujer. En la institución ya lo tenían calado. Y buscaron la forma de prescindir de él. No compensaba pagar ese dineral a quien no rendía ni tan siquiera su devengo. Él justificaba su ineptitud con la crisis, con decir que en esa institución no le hacían caso, sabiendo de sus brillantes ideas. Ni siquiera entendían -se decía así mismo- que tenía un coche de alta gama solo para dar imagen y prestigio a la institución. No entendía que estuvieran muy hartos de él. Él vivía del sudor de los demás y del estupro... Y lo echaron con una buena indemnización. Aún le faltaba el gran golpe. Y empezó a buscar presas... 

                                                               @jcmjulian

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