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@jcmjulian
Lunes, 31 de julio de 2017
CAMINANDO

EL SEÑORITO (III)

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Tal como hacía e hizo en su trabajo anterior, se puso un horario similar, con la exigencia de varios despachos, en función de las localidades en donde fuera a trabajar. Y como de trabajar se trataba y a eso no estaba dispuesto, ni corto ni perezoso, habló de formar un equipo. Y se puso a ello. Contactó en público y en privado con personas que, además de ser afines, le sacaran las castañas del fuego, máxime con esa nefasta preparación informática que tenía; al fin  y al cabo le resolverían la presentación de proyectos y harían los power-points necesarios. Eligió a un personaje de infausto recuerdo porque se quedaba con el dinero de la empresa, pero que era compadre-compañero de putiferios varios: la tapadera ideal. Lo contrató inmediatamente. Después fueron llegando fichajes femeninos que cada vez entiendo menos dada su misoginia. A estas mujeres las encerraba durante doce horas, varios días, para hacer de docente, explicar sus dotes de profesionalidad, y de currículo, y presumir del “material” ante sus amigotes. Insistía en que le acompañaran allá donde fuere, y que le permitiesen, delante de los demás, los tocamientos y magreos propios del macho hispánico. El macho alfa debía ir protegido por su guardaespaldas y sus niñas de referencia, cual corte celestial. Alguna no fue admitida por no tener suficiente “pechonalidad”. Estas mujeres, alguna con muchos tiros pegados, en cuanto vieron el percal, se iban. No estaban dispuestas a mendigar un contrato de trabajo y ser vejadas por el Señorito…

Los fracasos profesionales persistían uno tras otro… Cada día inventaba una nueva excusa. Los compañeros no acataban sus órdenes (los compañeros, después de una larga jornada de trabajo, no estaban dispuestos a hacer horas extras, simplemente, porque el señorito tuviera otro horario).

Estaba claro que había que tomar una decisión…

 

                                                       @jcmjulian

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