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CUADERNO DE BITÁCORA
Jueves, 3 de agosto de 2017
CUADERNO DE BITACORA

De guardianes de la palabra y gramática parda

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La falta de respeto a nuestro lenguaje, tiene que ver con la crisis de valores que sufre nuestra sociedad actual. A esa falta de respeto se suman otras que conciernen, en su conjunto, a la ética y la moral. Una serie de despropósitos que minan, desde la base, la evolución social de nuestro país, en el que tan denostado se encuentra nuestro lenguaje, debido a influencias extranjeras, y al mal uso que le damos en las redes sociales.

 

El lenguaje es la capacidad que tenemos los humanos para usar palabras y combinarlas en frases de forma que puedan comunicar ideas a otras personas. También, de modo inverso, es la comprensión de las palabras emitidas por otras personas para convertirlas en conceptos en nuestras mentes. Existen también otros tipos de lenguaje, como el lenguaje por señas, a través de gestos manuales y faciales, que utilizan las personas sordas para comunicarse. Así pues, el lenguaje es la capacidad de transformar ideas en señales y debe distinguirse de otras capacidades, como el pensamiento, o la capacidad de leer y escribir.

 

El lenguaje es la capacidad de transformar ideas en señales para comunicarse con otros. Pero el lenguaje es distinto de las ideas. Las personas no piensan solo en las palabras y frases de su lenguaje; el pensamiento puede ocurrir en ausencia de lenguaje. Los niños, las personas afásicas y los humanos adultos normales piensan cuando usan imágenes visuales, conceptos abstractos y otras formas no lingüísticas de pensamiento. Por otra parte, el lenguaje debe distinguirse de la capacidad de leer y escribir. Cuando pensamos, transmitimos una idea sin faltas de ortografía, sin palabras artificiales: pensamos, construimos un concepto, lo desarrollamos pulcramente en nuestro interior. Pero después no sabemos expresar ese pensamiento a través de la palabra o de la escritura, tal y como lo hemos concebido. Es entonces cuando se adultera el pensamiento y se expresa con palabras que nos pueden resultar más fáciles de transmitir, pero que dan una idea poco veraz y errónea del significado y termina siendo algo de difícil comprensión.

 

Corregir esas malas costumbres en el lenguaje escrito y preservar la matriz de nuestra lengua es misión de la RAE Real Academia de la Lengua Española, en cuyos estatutos se establece como objetivo fundamental “velar por que la lengua española, en su continua adaptación a las necesidades de los hablantes, no quiebre su esencial unidad”. Pero con el debido respeto a las reglas más elementales del uso del idioma.

 

Sabemos que la lengua es viva y se modifica con el uso. Que aparecen palabras nuevas, particularmente anglicismos adaptados a la ortografía castellana, palabras viejas cuyo significado se pierde en el tiempo o vulgarismos fruto de la expresión oral, y que son, con frecuencia, fuente de sorpresas lingüísticas curiosas. Pero ello, no debe servir para dar patente de corso a todo lo chabacano, a la parte más choni de nuestro vocabulario y convertir la gramática parda en algo cotidiano.

 

Cuando escribimos, sobretodo si no se hace de manera profesional, entra dentro de lo normal, o así lo creo, errar en la forma de colocar una coma, un punto, incluso un punto y coma, que no altera en lo sustancial lo que queremos expresar. Pero de ninguna de las maneras se deben aceptar como ordinarias, aquellas palabras que vulgarizan el lenguaje, lo corrompen y desvirtúan, por muy de uso común que pueda llegar a ser.

 

El lenguaje vulgar no puede formar parte de nuestra vida, ya sea de manera hablada o escrita. El deterioro de los pilares en los que se fundamenta una sociedad moderna y avanzada no pueden ser causa de justificación para vulgarizar el lenguaje, prostituirlo y ser cómplice de ello, porque flaco favor haremos a las generaciones venideras y a quienes, desde tiempos pretéritos, se han esforzado de dotar a la lengua española del esplendor con que siempre ha brillado.

 

Ismael Álvarez de Toledo

http://www.ismaelalvarezdetoledo.com

 

 

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