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Viernes, 25 de agosto de 2017
Guadalajara

El Hospital de Guadalajara participa en un estudio para evaluar la frecuencia del Parkinson avanzado y las estrategias para tratarlo

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Desde hace tres meses, los profesionales del Servicio de Neurología del Hospital recaban datos con los que analizar la prevalencia de esta enfermedad neurodegenerativa y cómo abordar su tratamiento de manera personalizada.

[Img #31018]El Servicio de Neurología del Hospital Universitario de Guadalajara, dependiente del Servicio de Salud de Castilla-La Mancha (SESCAM), participa desde hace tres meses en un estudio multicéntrico nacional e internacional que tiene como objetivo evaluar la prevalencia real del Parkinson avanzado y las estrategias a seguir en el tratamiento de los pacientes.

 

El Parkinson es una enfermedad neurodegenerativa, la segunda más frecuente por detrás del Alzheimer, y afecta a una de cada 40 personas mayores de 65 años. En Guadalajara hay entre 800 y 1.000 personas con Parkinson, una enfermedad causada por la muerte temprana de unas neuronas situadas en la sustancia negra del cerebro y que regulan el movimiento, su exactitud y fluidez y también el equilibrio y el automatismo en los movimientos.

 

Se caracteriza por la dificultad para caminar, arrastrando los pies, con pasos más cortos, giros interrumpidos, dificultad para levantarse de la silla o moverse en la cama y menor braceo. Asimismo, se produce rigidez y un característico temblor que afecta a la mano en estado de reposo, especialmente a los dedos pulgar e índice.

 

Aunque actualmente no tiene cura, los síntomas se pueden controlar en gran medida ya que en la última década “han evolucionado mucho los tratamientos y podemos ofrecer buena calidad de vida para que el paciente pueda llevar a cabo sin problema sus actividades cotidianas”, señala el jefe del Servicio de Neurología del Hospital de Guadalajara, Antonio Yusta.

 

Pese a que es una enfermedad tradicionalmente asociada a la población mayor, puede aparecer en personas jóvenes. De hecho, se estima que alrededor del 20 por ciento de las personas que la padecen tiene menos de 40 años y se relaciona con la alteración de un gen denominado PARK2, que afecta al funcionamiento de la proteína parkina.

 

Con el estudio que se está desarrollando se pretende analizar cuál es el mejor tratamiento para cada caso, teniendo en cuenta las características de cada paciente. Los tratamientos actuales se basan, por un lado, en la administración de levodopa, “lo más efectivo frente al Parkinson” pero con la desventaja de que su efectividad se reduce progresivamente y terminan apareciendo coreas, unos movimientos involuntarios en extremidades, cuello o alrededor de la boca provocadas por el tratamiento prolongado con este fármaco. Por este motivo, la tendencia actual es retrasar lo máximo posible su uso.

 

Cuando aparecen las coreas, se reajusta la dosis y se recurre a tratamientos como la apomorfina en bomba de perfusión continua o la bomba de duodopa. Ésta se inyecta directamente en el duodeno mediante sonda para lograr niveles del fármaco en sangre continuos y de efecto más constante. Finalmente, existen unas sustancias denominadas agonistas dopaminérgicos, de efecto menos intenso, y se plantea el empleo de fármacos añadidos a la levodopa potenciando su efecto “para lograr los máximos beneficios con la mínima cantidad de levodopa”.

 

Finalmente, en jóvenes con Parkinson avanzado se abogaría por la estimulación cerebral profunda, colocando electrodos conectados a un marcapasos que envía estímulos a ciertas áreas cerebrales. Así se reduce la dosis de levodopa y con ello los movimientos coreicos.

 

Aunque hace años la perspectiva de vida de los afectados se situaba en torno a 15 años, ahora “son muchos más, y con buena calidad”. De hecho, “actualmente las personas con Parkinson fallecen por otras enfermedades y no por Parkinson”, si bien su aparición se relaciona con depresión, trastornos cognitivos o demencia, además de estreñimiento y riesgo de fallecer por broncoaspiración ante la dificultad para tragar en fases muy avanzadas de la enfermedad.

 

Recomendaciones

 

Aunque tiene un origen genético, la enfermedad puede aparecer motivada por otros factores. La exposición a ciertas sustancias como el manganeso parece relacionarse con un mayor número de casos. Asimismo, subraya Antonio Yusta, en algunos casos de pacientes jóvenes su aparición se debe al consumo de metanfetamina, un derivado del éxtasis que lesiona de forma irreversible las neuronas implicadas en esta enfermedad.

 

Por otra parte, hay un tipo de Parkinson que se relaciona con accidentes cerebrovasculares, motivados en muchos casos por hipertensión y diabetes. En este sentido, recuerda, es necesario llevar una vida sana, controlando la tensión y nivel de glucosa.

 

Una vez diagnosticada la enfermedad, los pacientes deben llevar una vida lo más activa posible, caminando de hora a hora y media al día, y actividades como el baile resultan muy recomendables porque mejora la coordinación motora, los reflejos posturales y el equilibrio y aporta beneficios cognitivos.

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