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CUADERNO DE BITÁCORA
Lunes, 4 de septiembre de 2017
CUADERNO DE BITACORA

Choque de civilizaciones

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Tras los atentados yihadistas, esta vez en Barcelona, que sacuden a toda Europa, siempre nos preguntamos por el motivo que induce a unos chicos jóvenes, la mayoría de las veces, a cometer tan salvaje acción, incluso a perder la vida en el atentado. Y casi siempre subyace en el animo de las personas medianamente informadas, que la solución pasa por cambiar la percepción que tenemos sobre un mundo desconocido, sobre la idea de mantener nuestra seguridad a salvo, sin chocar frontalmente con actitudes islamófobas o tremendistas que poco o nada aportan a la solución, aunque puedan quedar muy bien para exaltar a quienes aprovechan cualquier circunstancia con la intención de hacerse notar.

Precisamente es lo que me ha mantenido alejado de la opinión, en estos días, donde se escribe de manera visceral, mezclando las churras con las merinas y dando palos de ciego en la resolución de un problema que nos atañe a todos; musulmanes y occidentales.

Está muy bien criticar el papel que juegan los países árabes, entre ellos Arabia Saudí, como posibles cooperadores y patrocinadores económicos de las células yihadistas, aunque poco o nada se dice, cuando el patrocinio es para los equipos de fútbol y empresas que soportan la crisis gracias al aporte económico de esos mismos países.  Se critica la venta de armas, pero no se critica la hipocresía con que actúan gobiernos de todo tipo para que este invierno nos siga llegando gas a nuestras calefacciones y gasolina barata para nuestros vehículos.

El problema, a mi juicio, tiene que ver con dos aspectos fundamentales, y los dos atañen directamente a los gobiernos y ciudadanos europeos, que somos los que recibimos el impacto violento de esta falta de previsión: el primero tiene que ver con el control exhaustivo de los centros de oración, ya sean mezquitas o pisos, sin apenas control, donde se reúnen los fieles a practicar su religión, ya que no se ofrece la misma visión del Corán en una mezquita salafista que en una convencional. Al igual que difiere un imán surgido de la propia comunidad musulmana a uno impuesto y pagado para adoctrinar en según que ideas. Ya que como hemos visto, la mayoría de los autores de los atentados que conocemos se caracterizan por formarse en mezquitas de dudosa reputación. El segundo, tiene que ver con algo tremendamente complicado, ya que atañe al comportamiento social, y en eso no nos vamos a poner de acuerdo jamás los ciudadanos, pues siempre habrá quien herido de muerte exclame aquello de perdónale señor que no sabe lo que hace.

Por tanto, deben ser las autoridades, las que preserven nuestro modo de vida, sin exclusiones sociales y sin fomentar el racismo. Pero al mismo tiempo, garantizando nuestra convivencia democrática y de valores que tanto nos ha costado construir.

Creo firmemente en la igualdad entre los seres humanos, pero nadie tiene la potestad de sentirse superior, por motivo de raza o religión, y los que atacan nuestra sociedad por considerarnos infieles, vienen a nuestra casa a destruir los valores que tenemos, en muchos casos, con el beneplácito de unas autoridades que aún no se han dado cuenta del hecho diferencial que nos separa. Un hecho diferencial que los mismos musulmanes se regodean en recordamos, cuando sucumbimos a sus pretensiones en colegios infantiles, en universidades, en centros de trabajo y de ocio, donde intentan marcarnos unas pautas que no son propias de nuestro estilo de vida,  pero que nadie corrige, es más, muchos toleran equivocadamente, al confundir racismo o islamofobia con modelo de sociedad.

Estamos ante un debate social que afecta a Europa como modelo de convivencia. Una Europa que cobija a millones de migrantes de todos los credos, razas y religiones, pero que todas se adaptan a nuestro modo de vida, porque es precisamente esa vida la que han venido buscando, excepto los que llegan con la idea de imponer sus costumbres en detrimento de las nuestras, y si no lo consiguen de una forma, predican un odio visceral con la intención de acabar con el mayor número posible de occidentales. En tu mano querido lector puede estar el evitarlo.  

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