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CUADERNO DE BITÁCORA
Martes, 3 de octubre de 2017
CUADERNO DE BITACORA

A perro flaco todo son pulgas

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No hay nada más maleable que una sociedad desinformada. Una sociedad que, a estas alturas, se comporta como nuestros antepasados más lejanos, y obra sin orden ni concierto. Porque los españoles, seamos de donde seamos, y tengamos las etiquetas que cada uno se quiera poner, no dejamos de ser ancestrales, viscerales e intrínsecamente latinos. Los españoles somos antiespañoles por definición, nos gusta y nos disgusta lo mismo, a partes iguales. Somos cada uno de su padre y de su madre, y miramos por encima del hombro al de otra región según sea su renta per capita.

Dicho esto, y en mi ánimo no estaba escribir sobre la situación actual, quiero constatar que el problema que subyace en la brecha abierta entre españoles catalanes, y españoles de otros lugares, no deja de ser el mismo problema: que somos españoles. Así lo aseveró Unamuno en los albores de la guerra civil, cuando fue preguntado por lo que ocurría en España, ante el éxodo masivo de desplazados que cruzaba la frontera “El problema de España es que está llena de españoles”.

Digo lo de la desinformación, porque a un ciudadano medianamente informado, no se le escapa de que el origen de toda esta discordia tiene que ver con la implantación de una república y echar a Felipe VI del trono. Aquí no hay problema catalán, ni vasco, ni de Bollullos del Condado. Aquí lo que hay es una unión de todos los partidos de izquierdas y sus satélites, para cargarse la Constitución, la Monarquía, y todo lo que no sea una España de perico de los palotes.

Es por eso que han elegido Cataluña como chivo expiatorio, por tenerlo fácil, y aprovechado la debilidad de un gobierno en minoría y un presidente inepto, para atacar las bases fundamentales del Estado de Derecho.

No voy a ser tan necio de sentenciar que los anticapitalistas y sus colegas de Podemos tienen la culpa de todo, como tampoco la tiene Puigdemont, aunque me lluevan las críticas. La culpa de todo lo que está pasando la tiene Mariano Rajoy, el Partido Popular, y la caterva de asesores que no han previsto con antelación la que se les venía encima. O puede que si lo preveyeran, pero al gobernar en minoría, le ocurre como al perro flaco; que todo son pulgas.

La pantomima de Cataluña era una película anunciada en cinemascope y a todo color, por activa y por pasiva. Un despropósito sobre el que los interesados han trabajado denodadamente, como corresponde al que delinque, al que hace el butrón, mientras el gobierno y su presidente Rajoy, incluso los asesores millonarios y la Casa Real, han estado a verlas venir. Un despropósito que les ha estallado en toda la cara, y sobre el que no han sabido reaccionar con inteligencia.

Cualquier español que sea preguntado en una encuesta dirá lo mismo que yo. Cualquier ciudadano sabía lo que se nos avecinaba y el remedio para corregirlo. Sobretodo, después de ningunear al Tribunal Constitucional, al propio Estado y, por supuesto, al gobierno. Porque no hay que ser un lumbreras para admitir que los independentistas iban a por todos, jaleados por los antisistema y todos aquellos que tiran la piedra y esconden la mano. Los que  abrazan a los terroristas y vitorean a Maduro, mientras se ríen de nuestra débil y fracturada democracia.

La respuesta de Rajoy al desafío soberanista, ha sido tan desproporcionada como tardía. Ha sido previsible, y de ello se han aprovechado todos, patética hasta decir basta, poniendo en peligro la seguridad y la imagen de nuestras fuerzas del orden, y la de los propios ciudadanos, por caer en una trampa infantil que hasta el español más elemental veía venir. Se han querido matar las moscas a cañonazos, algo muy español, y total para qué, para que todo quede en agua de borrajas, y si te he visto no me acuerdo.

Los independentistas seguirán forzando la maquinaria en Cataluña, después en el País Vasco y hasta en El Bonillo, que también es una nación, mientras al perro flaco se lo comen las pulgas y la desidia, lo alejan a patadas sus adversarios, y es despreciado por la sociedad. Mariano Rajoy pasará a la historia por ser le presidente que menos ha hecho, pudiendo hacer más. Pasará a la historia como el líder de la corrupción política. Una corrupción que le incapacita para actuar contra otros corruptos. Mientras, los enemigos de España, de la Monarquía y del orden constitucional, se frotan las manos viendo el esperpento internacional que ha provocado. El daño ya está hecho y es irreparable. La sociedad española y, por ende, la catalana, está fracturada. Una fractura que no se puede corregir con el artículo 155  ni con ningún otro, porque el daño causado es tan grande y desproporcionado que no se puede afrontar con otro mayor.

 

 

 

 

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