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@jcmjulian
Lunes, 9 de octubre de 2017
CAMINANDO

CATALUÑA

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En toda la crisis con Cataluña no he querido escribir nada sobre ese tema por el hartazgo que todos tenemos y por no darles a los independentistas más alas (para eso está ya lasexta), pero me ha parecido muy acertado el artículo del Director de Miciudadreal.es, Santos González Monroy, que dado su interés y previa autorización suya, reproduzco.

Dialoguen, dicen. Qué van a dialogar. Los soberanistas catalanes han entrado en catarsis demencial. Nos ha tocado el premio gordo de la lotería de la desgracia histórica, que cada 50 años regala a ciertos pueblos malditos esos personales locos y estúpidos que los arrastran a la ruina.

Qué irresponsabilidad. Qué criminal irresponsabilidad la de estos próceres de folletín histriónico que ansían dominar el mundo, su mundo, acicateados por socios que pretenden destruir lo que ha costado décadas de tolerancia, sacrificio, sangre y contención, y llevar al resto de España una anacrónica Revolución de Octubre cañí.

Hablen, dicen. Cómo van a hablar con estas premisas. El Gobierno de la Nación, pese al tremendo error de regalar la foto de las porras frente a las urnas (ilegales), así como los partidos políticos de buena fe constitucionalista, no pueden ceder ante quienes rompen las normas porque la ley es lo único que nos sostiene como civilización. El rey es el rey, por más que algunos le exijan discursos flower power, y defenderá la unidad de España sin concesiones, mientras que Europa no puede permitir el peligroso y contagioso precedente de que un capricho visionario e irracional remueva fronteras.

Así, chantajeados todos por esa fatalidad tan española, atascados entre la locura de unos y la medianía y desconcierto de otros, se antoja imposible el diálogo. Idiotas hay en todos bandos, al Gobierno central no le queda otra sino batirse, y lo temible es que la mediocridad reinante se abandone al rédito político y no sepa administrar con auténtica visión de Estado la inevitable reacción ante el desafío independentista y las consecuencias que pudiera tener para toda la nación.

Temo que lo que pueda venir nos vaya a poner a prueba a todos. La última esperanza para sortear el abismo será la conciencia de los millones de ciudadanos que se han beneficiado de lo que la democracia y la convivencia entre pueblos les ha regalado, aquellos (quisiera pensar que mayoría) que se consideran ciudadanos de un estado libre, democrático y de Derecho; y que sienten que su verdadera patria es, al fin y al cabo, la familia, el amigo, el curro y la salita.

¿Irá la sociedad por delante de la clase política? ¿Tendrá usted, tendrás tú, tendrá aquel de la esquina, los redaños de exprimir aún más su paciencia y mantener la calma ante los continuos y previsibles errores de quienes deberían haber evitado a toda costa la llegada a este punto? ¿Deberá la sociedad española y catalana, una vez más, dar ejemplo a sus propios gobiernos y apartarlos de la senda de los elefantes con un masivo ejercicio de prudencia? Así debiera ser, porque así ha sido desde que España se dio una segunda oportunidad. Así, al menos, ansío que sea.

 

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