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DESDE EL CAÑAVERAL
Lunes, 13 de noviembre de 2017
DESDE EL CAÑAVERAL

¿Son suficientes 55 días?

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Los partidos constitucionalistas españoles PP, PSOE y Ciudadanos, han hecho un buen trabajo al apoyar las medidas del artículo 155 desde el primer minuto en el que el Parlamento o parte del Parlamento catalán declaró la independencia unilateral de la república catalana, sin el apoyo de la mayoría  de catalanes y con el desprecio de toda la comunidad internacional que nunca reconocerá el acto de sedición y rebelión cometido por los dirigentes de la Generalitad.

Sin lugar a dudas, fue el acto más burlesco, desagradable y escandaloso llevado a cabo en un parlamento autonómico que  jamás se había cometido durante estos largos años de democracia y libertad que todos hemos disfrutado a pesar de los altibajos  y posibles descompensaciones económicas sufridas por los más débiles, por otro lado, nada que extrañar, porque esto ocurre siempre que hay una crisis del tipo que fuere. El desprecio a las leyes, al orden, al Estatuto de Autonomía y a la Constitución ha sido de tal calibre que ninguna nación del mundo ha reconocido la posible república catalana.

Los hechos son de tal gravedad que era un clamor popular que el gobierno de España pusiera en marcha el artículo 155 para recobrar el orden institucional y devolver al pueblo catalán la libertad robada por un grupo de mafiosos que gobernaba al margen de la  ley y que se consideraba el dueño absoluto de todas las voluntades de los ciudadanos, tanto independentistas como no independentistas,  y que llevaba a su comunidad a la más absoluta depresión económica y bancarrota

He señalado varias veces, que este problema viene de lejos  y que las raíces  del odio a lo español han penetrado en la tierra fértil de los jóvenes desencantados  e inconformistas,  adoctrinados por el poder corrupto de los partidos gobernantes, que deseaban tapar sus propias vergüenzasinculcando en sus tiernos corazones  los torpes ideales de la nación catalana que la historia nunca reconoció y que ellos  tenían la obligación de inventar y así potenciar una mentira a la máxima expresión independentista. Aquellos niños de ayer son los jóvenes anticapitalistas y burgueses de hoy que se han llenado de las mentiras y de los odios contra los españoles diciéndoles que les roban y les hacen pagar más impuestos que les corresponden. Las escuelas y las universidades han sido el fermento y la creación del independentismo catalán y en estas instituciones se ha ido fraguando todo este mundo sentimental creador de una nueva historia  plagada de falsedades que fácilmente  han encontrado un ecosistema político para llevarlas a feliz término.

Devolver al pueblo catalán la libertad robada y que ellos decidan libremente su futuro. Este es el objetivo del gobierno de la nación, ciertamente plausible pero nadie podrá decir que el camino será fácil, ni mucho menos, ya que la brecha  creada en la sociedad catalana es tan profunda  que imposibilita ver la realidad en la que se ha sumido todo el entramado independentista, cuyo único objetivo es conseguir  una imposibilidad que todo el mundo circunstante ve claramente como irrealizable. Este despropósito creador de injusticia, de desigualdad, de marginación, de insolidaridad y falto de libertad ha calado en parte de la sociedad y sobre todo en los corazones del sentimiento nacionalista que no piensa con la razón  ni ve obstáculos donde hay muros imposibles de escalar y, cerrando los ojos, se precipita en la oscuridad más absoluta sin medir los riesgos y sin cuantificar los peligros.

Decía Ernest Gellner que el nacionalismo no es el despertar de las naciones hacia su conciencia propia; inventa naciones donde no las hay. Esto mismo  nos dicen los independentistas catalanes cuando nos hablan de la nación catalana que nunca existió y nunca existirá en un mundo global donde no cabe la mini nación  catalana. Ahora bien,¿serán suficientes 55 días para que los dolores de ese mal parto se curen y todo vuelva a la normalidad y al entendimiento con las leyes y con la Constitución de todos? Me temo que, tal como responden los independentistas a las medidas judiciales, poco o nada puede cambiar en esas mentes que no son capaces de ver más allá de sus propias y falsas creencias de identidad  y de superioridad.

Cuando un pueblo no es capaz de reconocer sus propios errores y éstos son alimentados por los jerarcas  dirigentes de los partidos y asociaciones que viven de la división y del cuanto más malo mejor, la verdadera reconciliación que nace de la razón y no del corazón se hace cada día más imposible y por ende más difícil de llevarla a cabo. Decía el premio nobel de literatura, Camilo José Cela, que el nacionalismo se cura viajando y parece que esta rotunda afirmación puede tener una gran verdad. El ser humano actual, que conoce el mundo de las realidades, de las culturas, de las diferencias étnicas,  es mucho más proclive  al entendimiento y al diálogo que aquel otro encerrado en su círculo de la verdad absoluta que cuando habla parece siempre pontificar de su yo y su realidad.

Aunque no es un santo de mi devoción si me parece oportuno recordar aquellas palabras de Karl Marx cuando decía que el nacionalismo es un invento de la burguesía para dividir al proletariado. En Cataluña el independentismo ha sido potenciado por  la clase dominante burgués del partido de Convergencia de Jordi Puyol, hoy el PDKA, y apoyado, cosa inaudita en el mundo, por el proletariado de la CUP  que engañado en las aulas y en la universidad, no ha dudado en ponerse del lado del capital para apoyar a los burgueses en detrimento del obrero o proletario. En este caso, si levantara cabeza Karl Marx al día siguiente pediría que le volvieran a enterrar porque no podría sufrir tamaño disparate. Así pues, la conjunción de estas  dos falsas estrellas del firmamento catalán han sido capaces de revelarse contra el orden y legalidad constitucional desde el sentimiento patriótico identitario  superando, por primera vez las división entre ricos y pobres tal como quiere entender y pregona la izquierda  de esta sociedad.

No son capaces de entender que, hoy, el mundo es más pequeño, y que su forma de entender la realidad está muy lejos del pensamiento universal del ser humano actual que piensa en la aldea común y en la solución de los problemas desde círculos muchísimo más amplios que la propia casa de cada uno. Europa se ha hecho cediendo competencias estatales de cada uno de sus miembros  que la componen y nada más lejos de esa gran comunidad de pensamiento y de acción colectiva que el discurso minoritario de una sociedad que aspira a poseer  su huerto, su noria y su olivo porque produce las mejores olivas del mundo y porque está prohibido para los demás beber el agua que produce su manantial.

Ojalá,el futuro del mundo esté en las estrellas como decía Juan José Benítez y el nacionalismo no siga siendo un atraso que nos arrastre en su vorágine  a todos los que, hace ya mucho tiempo, fuimos capaces de unirnos en un gran proyecto de nación que quiere resolver sus problemas por medio del diálogo sincero y con propuestas cuyo objetivo sea siempre procurar el bien común para todos los ciudadanos del mundo y por ende de España. No creo que sea un ejemplo para nadie y mucho menos para los independentistas ver y constatar, día a día, a su presidente, ya destituido, huyendo de la justicia de su país e intentando por todos los medios a su alcance, destruir la reputación que tiene España en el mundo, esta nación que también es la suya, aunque  como dice el refrán: no  hay mayor tonto que el que tira piedras a su propio tejado y eso es sencillamente lo que está haciendo hoy Puigdemont en un país como Bélgica que acoge terroristas etarras y que no tiene muy claro cuál es el proyecto de la UE.

 

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