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Casimiro Pastor
Martes, 7 de agosto de 2018
DESDE MI LIBERTAD

Entre Dios y el César

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«El miedo al inmigrante da votos, y los votos son poder». Santiago Agrelo, arzobispo de Tánger.

Cuando un inmigrante irregular pone un pie en una patera, no es consciente de entrar en la futura campaña electoral del país al que se dirige. Rivera y Casado compiten por los votos del segmento político situado a la derecha de la derecha, por esos votantes a quienes alimentan con sus soflamas contra la «invasión» de inmigrantes irregulares, que saltan fronteras e inundan nuestro país, poniendo en peligro nuestro modo de vida. De millones, citaba Casado que se trataba, en una evidente exageración. Sin embargo, el propio Casado admite que la UE debe promover actuaciones en los países de origen con el fin de evitar que se tengan que marchar; declaraciones que coinciden de pleno con el gobierno. Y, además, no dudó en ir a «hacerse la foto» con inmigrantesa la frontera.

 

A España, como país frontera de la UE, le sucede lo mismo que a otros países frontera, receptores de inmigración irregular y refugiados. No obstante, no en todos los países se tiene la misma sensibilidad hacia esas personas, que se ven impelidas a jugársela en un viaje incierto y en condiciones extremas. Ahí tenemos a la católica Italia, cuyo ministro del interior y vicepresidente, Salvini, cierra los puertos a cualquier barco que transporte náufragos, contraviniendo el derecho internacional.

 

En 2013, y ante los innumerables muertos en naufragios cuando se dirigían los inmigrantes a la isla italiana de Lampedusa, el Papa Francisco fue allí a rogar por esos «hermanos» y que no se repitieran esas tragedias. El pasado día 6 de julio, conmemoración del quinto aniversario de ese viaje, el Papa declaró en la homilía que las ONG que salvan inmigrantes son como el Buen Samaritano.El pasado día 28 de julio, el arzobispo de Tánger tuiteó: «Es escandaloso que los cristianos hayamos armonizado tranquilamente comulgar con Cristo y dejar morir a los pobres, honrar crucifijos –colgarlos en las paredes- y crucificar cristos –ahogarlos en el mar o martirizarlos en todos los caminos-».

 

Hace unos días le preguntaba a un amigo, votante de derechas, si era católico. Al confirmarme que sí, le pregunté si estaba con su jefe político o con su jefe religioso. Me contestó que no hay que mezclar unas cosas con otras. Y en esas estamos. Las izquierdas, sin pensar en creencias, apostando por el apoyo a las personas con independencia de su procedencia, y las derechas, entre Dios y el César. Ay, Señor.

www.casimiropastor.blogspot.com  

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