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CUADERNO DE BITÁCORA
Miércoles, 24 de octubre de 2018
Cuaderno de Bitacora

Un país a la deriva

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Lo que está sucediendo en España está más cerca de la hecatombe que de una crisis institucional de las que tan acostumbrados estamos. La forma en que se dirige este gobierno, en precario, no tiene referente en lo que llevamos de democracia. Ni antes ni después de los desafortunados gobiernos del “insigne” Zapatero y don Tancredo Rajoy. Al menos con este último, el gobierno se sostenía por la grandeza de sus ministros, aunque quien tomase las últimas decisiones fuera un completo inútil.

La precariedad, como digo, nos deja estampas tan inusuales en cualquier gobierno de países de nuestro entorno, como la dimisión forzada de ministros, las reticencias de otros a dejar el cargo a pesar de que existan pruebas fehacientes y suficientes, para que la indignidad de sus acciones pasadas salpique el ministerio. Descalabros, uno tras otro, y un presidente mudo, que no abre la boca por temor a meter la pata. Si el anterior se escudaba en el plasma para rehuir a la prensa, el actual hace mutis por el foro y se despacha con cualquier sandez, impropia de un gobernante de un país serio. Claro que lo de serio es mucho decir.

Por si el cúmulo de despropósitos no fuera suficiente, el gobierno a la deriva sustituye a los que obran de titulares, para encargarle los recados al líder de un partido populista de extrema izquierda, que más que arreglar, pone en peligro la estabilidad del conjunto de los españoles y la propia democracia. España no está segura si los encargados de defenderla se muestran contra ella. De defenderla con ardor se encargan nuestros militares, dentro y fuera de nuestras fronteras, aunque no tienen tarea fácil si los que mandan se pasan por el arco del triunfo la Constitución y las normas más elementales del Estado de Derecho, pactan con separatistas y toda clase de chusma que se declara abiertamente enemiga de España. Es penoso ver salir de la cárcel, aunque sea jaula de oro, a un representante político, que viene de pedir el favor a un preso, para que se avenga a apoyar unos presupuestos que tienen que ver con el bienestar de todos los españoles. Es de vergüenza total y absoluta, que sean los enemigos de España los que tienen la sartén por el mango para decidir que cosa tiene que hacer el gobierno y cual no.

No voy a negar que tenía mis esperanzas puestas en un gobierno de tecnócratas que nos sacara del atolladero de corrupción en que nos tenía sumido el Partido Popular, y pusiera algo de cordura entre tanta indecencia. Quizá por eso es mayor la decepción y me muestre más incisivo con lo que debería haber sido un camino de rosas hasta la convocatoria de elecciones. Pero lejos de ello, la realidad supera todas las expectativas e ilusiones en aras de un buen gobierno y nos deja esta deriva parlamentaria, donde nada es lo que parece.

Entretanto, los populistas, separatistas, terroristas y demás calaña, se frotan las manos viendo como el gobierno hace aguas. Cómo los españoles nos resignamos a perder identidad nacional, porque los que manejan el cotarro son los enemigos del Estado. Los mismos que van a permitir que injuriar al Rey y a las Instituciones del Estado salga gratis. Los mismos que mancillan un día si y otro también la Historia de España, a la que dan una vuelta de calcetín según convenga a los intereses de unos pocos.

Este gobierno a la deriva no va a convocar elecciones hasta que sea demasiado tarde. Hasta que las Comunidades Autónomas y Ayuntamientos no empiecen a cambiar de manos y le vean las orejas al lobo. Hasta que la democracia no se tambalee, con tantos como la empujan, de un lado y de otro. Entretanto, la prevaricación, el abuso de poder, el tráfico de influencias, el cohecho y la malversación de fondos públicos están a la orden del día, mires por el lado que mires, y sólo algunos programas de televisión son capaces de denunciarlo con pelos y señales, aunque con el sistema judicial que los propios corruptos ponen en funcionamiento, nunca puede llegar a nada el esclarecimiento de los hechos. Háganme caso y aprendan a nadar, que con un gobierno a la deriva cualquier cosa es posible.

 

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