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Viernes, 30 de noviembre de 2018
Cuaderno de Bitacora

La España real se rebela

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Estamos acostumbrados a que los políticos minimicen o magnifiquen los acontecimientos según su conveniencia. Y lo hacen sin pudor alguno, sin tener en cuenta la realidad del país que gobiernan, o los problemas que acucian a los ciudadanos. Problemas reales que necesitan de soluciones reales, independientemente del color político que gestiona nuestras vidas en cada momento.

Se alarman los medios de comunicación cuando afloran sentimientos patrióticos trasnochados, sean estos de derechas o de izquierdas, pues tanto da el populismo de un lado que de otro. Lo mismo aparecen añoranzas de una república canalla y asesina, que nos trajo una guerra civil, que fanáticos del régimen consiguiente, que poco o nada tiene que ver con la España actual, moderna y cosmopolita que disfrutamos.

Otra cuestión es, que los que nos gobiernan deberían tener superadas esas diferencias y actuar de acuerdo a la sensatez y los nuevos tiempos. Enfocando la realidad que se vive en otros países de nuestro entorno, y en los que tanto nos gusta mirarnos, cuando nos conviene. Sin dividir a los españoles, sin crear brechas ideológicas entre unos y otros, en definitiva, procurando el bien común y la paz social, que es tanto o más importante que el estado del bienestar.

Los políticos viven de espaldas al pueblo. También lo hacen muchos medios de comunicación, partidistas e interesados unicamente en cuotas de audiencia y en balances de resultados, sin valorar, realmente, que la información es vital en una sociedad avanzada. No hay más que seguir las tertulias de radio y televisión, sobretodo de esta última, para darnos cuenta de la cantidad de sandeces que se vierten por boca de presentadores y tertulianos, cuando a bien seguro, los televidentes disponen de mejores recursos y aplomo que los energúmenos que gritan a diestro y siniestro, en lo que debería ser una parrilla informativa.

 

Por tanto, no es de extrañar, que la España real se rebele. La España de cualquier rincón del mapa, la España que se levanta todos los días  para buscar soluciones reales a sus problemas, independientemente de la ideología de cada uno. La España que está harta de separatistas, de corruptos, de despilfarro en lo público, de nacionalismos y nacionalistas, de vividores y cuentistas, de senadores y poltronas agradecidas.

España se rebela porque está harta de políticos de la mamandurria, de jueces de quita y pon, de banqueros mafiosos y periodistas comprados. España se rebela y vota por los extremos, porque el centro, como en las manzanas, está podrido. Y votar a los extremos es un retroceso, pero también una necesidad, cuando se quiere aportar vitalidad y soluciones a esa enfermedad crónica que padecen los políticos que viven de los bancos y las eléctricas, de los grandes grupos de comunicación y las empresas del Ibex.

El mejor argumento del hartazgo de la sociedad, viene en el incremento de simpatizantes en partidos como Vox o Podemos. Los dos extremos que buscan romper con un modelo caduco de gobernar, cada uno a su manera, cada uno esgrimiendo sus razonamientos, pero ambos con la utópica idea, de que es posible hacer una sociedad mejor, con mejores ideales, sin despilfarro ni corrupción y, donde los valores del individuo estén por encima de cualquier otra cuestión.

La España real se rebela, porque no entiende de argumentos y sí de soluciones. Soluciones a cosas nimias, a cosas de sentido común, a la resolución de realidades cotidianas que mantienen en vilo a la gente corriente. A la apuesta firme y decidida por caminar y hacer futuro en paz y armonía, sin buscar culpables, ni vencedores ni vencidos de tiempos idos y trasnochados. Lo pasado, pasado está, y el futuro lo hacemos los que estamos vivos. Todo lo demás, es gana de gastar la mandanga y hacer mala sangre al personal.  

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