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RIVEIRO
Lunes, 22 de Abril de 2019
Yo y mis circunstancias

Vorágine electoral

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Inmersos ya en la vorágine electoral que se nos viene encima nos encontramos a las puertas de tener que elegir al próximo alcalde o alcaldesa, para nuestra querida capital manchega. No sabemos quien será pero sí podemos afirmar que se debatirá entre la candidata del PSOE, la actual alcaldesa que intenta repetir, o el candidato del PP, lo demás sería una tremenda sorpresa. Los dos son políticos con larga trayectoria en sus respectivos partidos, y ante este panorama siempre me asalta la misma pregunta ¿Por qué tiene que ser el alcalde un político necesariamente? Veamos qué se le requiere a un buen alcalde, lo que requiere es esencialmente una cosa, que sea un buen gestor de nuestros dineros para proporcionarnos los mejores servicios a los vecinos, vamos, algo así como un buen administrador de fincas a lo bestia, y eso poco tiene que ver con la política, más bien con el sentido común, las dotes para el cargo, la inteligencia, y por supuesto la honestidad.

 

 

Nuestro mejorable sistema electoral para la elección del alcalde, copia el sistema utilizado para elegir al Presidente de la nación, que no lo podemos elegir directamente los ciudadanos, sino que lo elige un Parlamento, al que sí elegimos, pero con una grave restricción, porque lo elegimos a través de unas listas cerradas, listas que suelen confeccionar los lideres de los partidos. Para la alcaldía es el mismo sistema, no podemos elegir a un concejal del PP y a otro del PSOE, o la lista de uno o la del otro. Hay una curiosidad y es que las únicas elecciones que no conllevan listas cerradas es para el Senado, la cámara que menos pinta, si es que pinta algo, en nuestra política ¿Qué grave problema plantea el sistema con listas cerradas? Para contestar a la pregunta examinemos el opuesto, el que por ejemplo se utiliza en Estados Unidos para ser alcalde, fiscal o sheriff, un aspirante individualmente se puede presentar al puesto para que lo voten directamente los ciudadanos, candidato que puede estar arropado por un partido político, pero no necesariamente. En este caso, es el propio alcalde electo el que determina el equipo que desempeñará los cargos en la alcaldía, salvo los que correspondan a los funcionarios ¿Cuál les parece el mejor sistema? Personalmente no tengo dudas, prefiero que seamos los ciudadanos los electores directos de nuestros cargos públicos, incluyendo por supuesto al Presidente de la nación. El otro, el que tenemos, entre los muchos defectos que conlleva, tiene uno que me parece terrorífico, reduce los aspirantes a unos pocos políticos que han conseguido ponerse de números unos en sus listas. Un vecino que se considere que puede ser un buen alcalde, en primer lugar, si no pertenece a un partido tiene prácticamente imposible lo de aspirar a ser alcalde, y si pertenece a un partido lo sigue teniendo muy crudo porque lo de ser número uno en la lista depende de mil factores y muchos no tienen que ver con la idoneidad para ocupar el cargo.

 

 

Si no perteneces a un partido solo hay una posibilidad de optar a la alcaldía y es a través de una agrupación como independiente, cosa que tampoco es fácil de organizar si uno es un ciudadano de a pie, porque entre otras cosas se necesita arriesgar el dinero personal de los que constituyan la agrupación, y en Ciudad Real solo ha sido electo una vez un alcalde como independiente, Lorenzo Selas en las elecciones de 1987, pero Selas ha sido un caso muy extraño porque primero fue alcalde en formaciones de la derecha y luego terminó siéndolo del PSOE. Una posibilidad para poder presentarse sin el apoyo de un partido podría ser a través de asociaciones vecinales que contasen con una fuerte implantación en la ciudad, pero como ya hemos comentado en una entrega anterior, hoy en Ciudad Real no existen ese tipo de asociaciones. En el resto de España nos encontramos con estos datos, un noventa por ciento de los alcaldes son políticos, solo hay un diez por ciento de independientes, y de ese noventa por ciento más del setenta por ciento son alcaldes del PP o del PSOE.

 

Tener un buen o un mal alcalde es crucial para una ciudad. En España, a pesar del sistema electoral que he criticado, hay y ha habido buenos alcaldes, y el caso más destacado ha sido sin duda el de Iñaki Azcuna, alcalde de Bilbao ya fallecido, que consiguió transformar Bilbao en poco más de una década, convirtiendo a esta ciudad vasca en una de las más atractivas y modernas del país y con mejores servicios municipales. Azcuna se presentaba bajo las siglas del PNV, pero le votaban bilbaínos de todo el espectro político porque sabían que por encima de los intereses de su partido, Azcuna velaba esencialmente por los intereses de sus vecinos, y por eso lo recuerdan con mucho cariño todos los bilbaínos, sean de derechas de izquierdas o nacionalistas. Azcuna antes de ser alcalde desempeñó cargos no políticos importantes, amparándose en una formación profesional extraordinaria como médico especialista en cardiología y radiología, llegando a ser el Director del Hospital de Cruces (Baracaldo, Vizcaya) y posteriormente se incorporó a la política primero como Director General de Salud y más tarde como Consejero de Sanidad del Gobierno Vasco. Personalmente me parece un hecho relevante y a tener muy en cuenta, el que el candidato a un puesto público haya demostrado antes su valía en un ambiente estrictamente profesional, porque constituye una garantía de éxito para el puesto que pretende desempeñar.

 

Acabo mi crónica con un suspiro, más bien un deseo ¡ Ojala pudiéramos tener un alcalde en Ciudad Real la mitad de bueno que Azcuna, que pudiera transformar nuestra ciudad adormilada! En mi opinión todavía no se ha dado el caso, ni siquiera ese honor se lo puedo otorgar a Selas, para mí el menos malo de los alcaldes que he conocido en la capital. Hay que seguir esperando a que aparezca ese mirlo, perdón, o mirla, blanco, pero, eso sí, lo tendríamos mucho más fácil con un sistema electoral más sensato, sin listas cerradas, sin miles de obstáculos para que se pueda presentar cualquier aspirante que piense que tiene condiciones, cosa que por ahora ni se espera ni hay señales de que pueda aparecer en el horizonte, al menos en los próximos 20 años. El obstáculo es que el deseado cambio electoral, y digo deseado porque está constatado que los ciudadanos lo demandamos de forma mayoritaria, no depende de los ciudadanos, depende de los políticos, y los políticos, especialmente los que lideran los partidos, están encantados con esas listas cerradas que pueden manejar a su antojo y a su conveniencia.

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