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OPINIÓN
Jueves, 22 agosto 2019
Opinion

EL AVATAR del VINO

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José se miraba las manos y las restregaba una contra otra, observando  su rugosidad y el paso visible de los años. Sus manos reflejaban su sesentena (“una pila”, solía decir) con manchas propias de los años y surcos que a él se le antojaban viñedos. Estas manos llevaban más de cuarenta años vendimiando.

 

“La vendimia, ahora, se hace de forma mecánica; otrora, siempre de forma manual”. Pero siempre de sol a sol, en busca de la mayor calidad de la uva y siempre de forma tardía, con el fin de aumentar el azúcar del futuro vino.

 

Y José se preguntaba (y hasta se respondía) cómo un manjar como este, conocido hace más de seis mil años antes de Cristo; utilizado como bebida de poderes “embriagadores”; utilizado como “afrodisiaco” por curanderos y como antiséptico en medicina, seguía pujante.

 

 A José le gustaba contar la historia del vino a sus nietos y a todo aquel o aquella que quisiese escuchar. Les hablaba de cómo los pueblos del Mediterráneo aprendieron a cultivar el olivo y la vid. Ya entonces apreciaban sus efectos y sus matices, distinguiendo el buen vino del malo, con el paladar.

 

Los griegos –seguía contando José- comercializaban el vino y lo llevaron a todo el mundo; de hecho, lo transportaban en ánforas depositadas en la zona del lecho de los ríos, en este caso, del río francés Sena, representando entre cinco y diez millones de litros. Los griegos lo fermentaban en tinas revestidas de resina de pino, para una mayor duración. Y más tarde, los romanos, sellaban las ánforas con cera, con el fin de que el vino durase veinte años. Es más, marcaban las ánforas con el año, el productor, el viñedo y el tipo de uva. “Ya veis, está todo inventado”, decía José.

 

Cada día, al atardecer, cuando el sol se ponía, José contaba una nueva historia del manjar que le había dado de comer, a él y su familia, toda la vida…

 

Creo recordar –contaba- que es en el siglo XIX cuando empieza a evolucionar el vino en nuestra tierra… Acabada la filoxera, que era la plaga más temida del viñedo, gracias a un portainjerto americano, se vio que teníamos el mejor clima y la mejor tierra, aquí, respirando con nosotros…

 

Y así empezaron los grandes empresarios vitivinícolas y el desarrollo de nuestros pueblos…

 

José nunca dejó de asombrarse porque miles de años después… seguían apreciando el mejor de los productos que ha dado la tierra. Se preguntaba si su sangre era de ese color tinto; y así le parecía a él.

 

Estaba seguro que miles y miles de años después de él, el vino, seguiría siendo la bebida de los dioses y la humanidad entera, de una u otra forma, lo seguiría apreciando…

 

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