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DESDE EL CAÑAVERAL
Martes, 8 octubre 2019
Desde el Cañaveral

Se debe elegir directamente

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Parece que muchos no se han enterado que hemos llegado al siglo XXI y ya casi hemos consumido un cuarto de siglo llamado de la posverdad o de la duda imperativa sobre nosotros mismos y sobre todo lo que nos rodea. El refrán castellano es clarividente: Uno no es de donde nace sino de donde pace. Nacemos en un siglo pero pacemos en otro y nos formamos con los aluviones históricos, económicos, sociales y culturales que, procediendo de todas las latitudes de este pequeño mundo, van configurando nuestro propio sistema creativo y creador de respuestas y de acciones.

 

         Cuarenta años de democracia, para algunos es suficiente tiempo para madurar y restañar heridas pasadas, para otros bien parece que los años no han pasado y que es necesario echar abajo todo el sistema porque como dice Vicens Navarro  nuestra democracia es menos justa, menos abierta, menos representativa y mucho menos populista que la de los países nórdicos, gobernados por partidos de izquierda o como Portugal que sí sufrió la revolución de los claveles. A mi entender el Sr. Navarro se confunde plenamente porque no es necesario que una nación sufra una revolución para que en ella se pueda implantar una democracia tan espléndida como la española. Claro que los principios en los que se basa este autor como  la plurinacionalidad, el republicanismo, o la descentralización gubernamental no son elementos de unidad sino más bien de destrucción de una nación como ha pasado con Yugoslavia. Entiendo su pensamiento pero evidentemente no lo comparto porque nunca se pueden comparar los sistemas democráticos de Noruega, Finlandia o Dinamarca con la democracia española y no se pueden comparar porque sencillamente estas naciones son más pequeñas que Castilla la Mancha y tienen menos población que Madrid y además  parece evidente que no les habrá ido también con el gobierno de izquierdas cuando los tres países los han cambiado por gobiernos de derechas.

 

         En estos países la elección no es directa como no lo es en muchas naciones del mundo pero eso evidentemente no atenta contra las democracias representativas como es el caso de España. Dicho esto sí es verdad que todo se puede mejorar y que cuanto más los sistemas democráticos sirvan para solucionar los problemas de los ciudadanos tanto más  estabilidad crearán  y tal vez mucho más credibilidad. Es por esto, por lo que creo firmemente que el sistema electoral, parte del sistema democrático de un país, puede y debe acomodarse a la voluntad del votante.

 

         Se ha hablado muchas veces de los diferentes sistemas electorales que se usan en los países democráticos, porque es evidente que en Cuba, en Corea del Norte o en China de esto no se habla porque lo prohíbe el gobierno en el poder, y que responden a la resolución de problemas que  van aflorando en la sociedad según ésta avanza hacia una justicia más equitativa y formal. Hasta la fecha, el sistema electoral español ha sabido dar solución a la gobernabilidad de España, sencillamente porque se había establecido un bipartidismo entre el PSOE y el PP, pero en la actualidad el juego político entre los diferentes partidos hace que el sistema electoral sea un fracaso dado que en nuestro país no se puede pensar en un gobierno de coalición como ocurre en la mayoría de las naciones europeas y por lo tanto  el sistema  a mi entender, debe reformarse en tres direcciones: a) Elección directa,  B) segunda vuelta  y C) Circunscripción nacional

 

         Pensamos muchos ciudadanos que la ley electoral nos debe dar la posibilidad de elegir directamente a nuestro alcalde  en lista abierta como ocurre en los Concejos Abiertos y de esta manera eliminar los pactos, a veces antinatural que tanto daño causan en el votante que ve que su candidato gana las elecciones pero no es alcalde porque otros partidos se juntan y consiguen más concejales que son los encargados de elegir a su alcalde.

 

         Debemos tener en cuenta que las coaliciones en España solamente se llevan a cabo en los ayuntamientos y comunidades autónomas y nunca el  nivel estatal, bueno no del todo cierto porque tanto el PP como el PSOE han necesitado el apoyo de los nacionalistas vascos y catalanes para gobernar durante muchos años en el gobierno de la nación. Siendo esto una realidad también lo es que nunca hubo una verdadera coalición de gobierno con estos partidos.

 

         El día 10 de noviembre se van a repetir las elecciones por incapacidad de formar gobierno la izquierda de este país y porque los partidos de izquierda y de la derecha, tanto PSOE como PP ni siquiera piensan en esta posibilidad como ha ocurrido en Alemania, aunque las necesidades sociales, económicas y de estabilidad les exijan  un nivel político que ninguno tiene o al menos lo demuestra. Es por esto, que es  casi un imperativo establecer en el sistema electoral la segunda vuelta que eliminaría este problema y daría estabilidad a la sociedad y especialmente a la economía. Digo economía por no decir bien social ya que éste no es posible sin que reine un bienestar económico y suficiente para tener unos servicios de calidad y semejantes entre todos los españoles.

 

          El panorama político que se avecina no es nada halagüeño ni para la izquierda ni para la derecha, más aún creo que los resultados van a ser peores para conformar un gobierno estable que los producidos el 28 de abril y si esto es así no cabe duda que todos los partidos, o al menos los mayoritarios, están obligados a llegar a un acuerdo y solucionar este problema que solamente lo han creado ellos. Los ciudadanos, en un sistema representativo como es el nuestro, cumplimos sobradamente concediendo el voto al partido que más se ajusta a nuestra ideología y a nuestros intereses y por lo tanto les corresponde a nuestros representantes llegar a los pertinentes acuerdos que no pongan en peligro nuestro bienestar social.

 

          No parece de recibo que dependiendo de una región o de otra la elección de los representantes públicos (diputados y Senadores) salgan elegidos con la mitad de votos en una parte o en otra de España. Si todos somos iguales ante la ley y tenemos los mismos derechos es evidente que nuestros representantes en el Congreso y en el Senado deben también ser elegidos con el mismo número de votos sean catalanes o sean castellanos, pero eso no es así y todos sabemos lo que ocurre cuando la circunscripción es provincial  y no nacional. Es evidente la ley electoral, tal como en estos momentos está configurada, castiga gravemente a las formaciones menores en detrimento de los grandes partidos pero, en este mismo caso, en la elección de los diputados y senadores no concreta  que sean elegidos con el mismo o aproximado número de votos.

 

En definitiva cuando la sociedad cambia la ley también debe acomodarse a ese cambio si quiere dar la respuesta pertinente al cambio producido de lo contrario las leyes se convierten en obsoletas y alejadas de la realidad.

 

Emilio Nieto López

Primer Decano de la Facultad de Educación de Ciudad Real

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