Querido lector: en este articulo no se habla de política, a juzgar por el título, solo es un sencillo artículo cotidiano.

Desde hace más de un año, casi cada día, en mi caminata por prescripción médica que realizo por el caminillo de Puertollano, me topo, me encuentro, con un hombre chaparrete, un poco cafre -como verán después- de estatura baja, muy maduro, con muchos abriles en su cuerpo, y con facciones duras y muchas arrugas.

Como es habitual en mí, con todo aquel o toda aquella, que me encuentro saludo con un ilusionante “buenos días” o “buenas tardes”, según sea. El hombre en cuestión me devuelve el saludo.

Pero cierta mañana, absorto con mi móvil y pensamientos, no lo vi y tropezamos. El iba por su derecha y yo por mi izquierda. La que me armó no esta en los escritos. “Tiene vd la obligación de ir por su derecha”; ¿por mi derecha en un camino, en pleno campo? -le dije. Insistió llamándome maleducado. Le dije: mire, la vida es tan complicada que no merece discutir por una cosa como esta; y le ofrecí mi mano, diciendo, disculpe y olvidado.

El, no solo rechazó mi mano, sino que se fue farfullando algo que no entendí.

Con el tiempo, nos hemos vuelto a cruzar casi a diario. El no me saluda, yo no lo saludo, pero -eso si- procuro ir por mi derecha para no tropezar con él.

Hoy, porque mi vida es ser feliz conmigo mismo y con los demás, le he dado los “buenos días”. Me ha mirado con desagrado y por supuesto no ha contestado.Yo me he sentido bien, porque perdonar es algo que debemos hacer, sobe todo sabiendo que todos estamos de paso… Eso sí, sé que el karma se lo devolverá.

Moraleja: ¿tanto cuesta saludar a tu prójimo en los caminos, las consultas médicas, por la calle…? ¡Qué vuelvan los valores!

@jcmjulian

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *