Crónica de una tarde de agosto en el Auditorio Inés Ibáñez Braña de Valdepeñas, donde Jesús Sánchez Rivas presentó su tercer poemario, ‘Entre silencio y silencio’, en un viaje multidisciplinar de regreso a las raíces de La Mancha.

El verano manchego impone su ley de fuego en las calles de Valdepeñas, pero cruzar el umbral del Auditorio Inés Ibáñez Braña supone adentrarse en un espacio donde el tiempo se rige por otras normas. El edificio, erigido sobre los cimientos de una antigua sinagoga, conserva en sus muros esa vibración de lo sagrado y lo recóndito que invita al recogimiento. No es un escenario cualquiera; es un contenedor de memoria. En ese entorno de piedra y ecos antiguos, los asistentes se congregaron para asistir a la presentación de “Entre silencio y silencio”, el tercer poemario del escritor Jesús Sánchez Rivas. Fue un acto concebido como una propuesta multidisciplinar donde la poesía, la música en directo y la pintura de las palabras se entrelazaron para alzar una trinchera frente al ruido y las heridas de la actualidad.

La apertura del acto tuvo un carácter marcadamente institucional y afectivo. Julia Cejudo, en representación del Ayuntamiento de Valdepeñas y en sustitución de su compañera Vanessa, dio la bienvenida a un auditorio lleno. En sus palabras iniciales, destacó el orgullo que representa para la ciudad ver cómo sus espacios públicos se llenan de creadores vinculados a la tierra. Para Sánchez Rivas, este acto supuso un auténtico regreso a casa. Nacido en Torre de Juan Abad, en pleno Campo de Montiel —ese señorío literario indisolublemente ligado a la figura de Francisco de Quevedo—, el autor emigró muy joven a Cataluña. Allí desarrolló toda su vida profesional en el exigente mundo de las artes gráficas, rodeado de tintas, tipos y prensas. Ahora, recién jubilado, el escritor ha volcado toda esa experiencia con los materiales del libro en la creación de sus propios versos.

La bienvenida institucional concluyó con la lectura del poema «Pecados», impreso en la contraportada del libro, que la edil recitó a viva voz, prescindiendo del micrófono para buscar la cercanía limpia de la palabra desnuda.

El maridaje de la melodía y el verso

La música no fue un mero adorno periférico, sino un lenguaje vertebrador del acto. El cantautor Vicente Castellanos asumió el protagonismo musical de la velada expresando su gratitud por ser invitado a formar parte de una presentación que definió como un hito íntimo e inolvidable para cualquier creador. Castellanos abrió su intervención interpretando «Cita médica», una pieza basada en un texto de la escritora Eloisa Pardo, presente entre el público. La canción narraba con delicadeza cotidiana la melancolía de una mañana de café frío, música instrumental y llamadas telefónicas que recuerdan citas médicas para seres que ya no están, construyendo un elogio a la memoria de los ausentes que prefieren el murmullo del viento entre los álamos y el remedio de las palabras lentas antes que los diagnósticos de la ciencia.

Tomó la palabra Juan José Guardia Polaino, quien ejerció como mantenedor y guía analítico de la velada. Guardia Polaino ahondó en la naturaleza del oficio poético y describió al autor como un creador vestido de versos, cuya obra actual es el fruto maduro de horas de lectura, afectos, dudas y un trabajo constante al que denominó «Soledad Creadora». Para el mantenedor, “Entre silencio y silencio” es un compendio de poesía vivencial y un espejo donde el lector ve reflejados sus propios sentimientos. Subrayó la coherencia vital del autor, quien tras una vida en Barcelona ha regresado a sus raíces manchegas cargado con una indispensable hornacina de versos que proponen preguntas latentes antes que respuestas fáciles.

Guardia Polaino situó esta nueva obra en el contexto de una trilogía indispensable para comprender la evolución del autor. La trayectoria se inició en 2023 con su ópera prima, “Donde estás tú”, editada por Poesía eres tú. Continuó en 2024 con “El tránsito discordante”, un poemario dividido en cinco partes que abordaba el dolor, la amistad, la naturaleza, la vida y el agua, publicado por Ediciones C&G bajo el sello del Grupo Oretania. Ahora, la aparición de “Entre silencio y silencio”, editado por este mismo colectivo bajo el cuidado del editor Julio Criado García, representa la culminación de un proceso de búsqueda personal y de fe en la palabra como testimonio existencial.

Voces de denuncia y herencia

El bloque central de lecturas poéticas corrió a cargo de la poeta Teresa Sánchez Laguna, cuyas lecturas descubrieron las aristas más afiladas y emotivas del libro. El primer poema seleccionado ofreció una visión descarnada de los conflictos bélicos, describiendo cómo la muerte camina al lado de la gente en las avenidas rotas, entre el fuego, las torres deshechas y las lágrimas rebeldes de las noches encendidas, mientras la tierra recoge los despojos de la locura contemporánea.

Posteriormente, las lecturas transitaron hacia la memoria histórica y la herencia familiar, recordando a los nietos de las viejas guerras que aún remueven conciencias en mentes que no las vivieron. El momento cumbre de este bloque llegó con una elegía dedicada a las madres, hermanas y maestras de vida. Los versos evocaron el dolor de la partida y el frío de la ausencia, reconociendo a aquellas mujeres que dieron luz en su juventud y cuya senectud se disolvió en el silencio de los años, dejando a los que se quedan la tarea de buscar a solas el sentido de la existencia.

El intermedio musical previo a las palabras del autor trajo una nueva composición de Vicente Castellanos titulada «No digo tu nombre», una canción de ritmo evocador que exploraba la pérdida de la infancia, la búsqueda entre la niebla y el discurrir acelerado de la vida como un río con prisa que arrastra los recuerdos familiares y los versos más hermosos.

El clímax de la tarde llegó con la intervención del propio Jesús Sánchez Rivas. Con un discurso humilde y desprovisto de grandilocuencia, el poeta definió sus 119 poemas como una terapia íntima surgida tanto de sus horas de luz como de sus momentos de oscuridad. «La poesía es mi cura cuando el mundo me duele», confesó el autor, equiparando sus composiciones con pequeñas tiritas o aspirinas destinadas a recomponer lo que la realidad rompe diariamente en su imparable descomposición. Como presidente de una asociación cultural en Cataluña que aglutina a pintores, escultores y músicos, Sánchez Rivas defendió el uso de la palabra como la herramienta legítima del escritor para retratar un mundo que a veces discute y a veces escupe.

El autor desgranó la arquitectura interna de su obra, explicando que el volumen se encuentra sólidamente estructurado en cuatro grandes ejes temáticos.

“La vida”: Dividida a su vez en tres bloques diferenciados que examinan la existencia del hombre, la mirada íntima del poeta y la andadura colectiva de la sociedad. “La mujer”: Una sección vertebrada en tres partes que recorren la juventud, las cicatrices del desamor y un homenaje general a la mujer en todas sus dimensiones, desde la compañera de viaje hasta la víctima de las injusticias, donde conviven el amor carnal y el afecto filial. “El mar”: Un bloque único donde el agua se transforma en una metáfora persistente de la distancia, el dolor de la separación y el sufrimiento del aislamiento. Y “El mundo”: Un tramo final centrado en la observación social y la denuncia de las guerras, los abusos y todo aquello que oscurece la cotidianidad moderna.

Sánchez Rivas no ocultó su rebeldía y compromiso social. Expresó una honda preocupación por el rumbo de la sociedad contemporánea y confesó sentir una punzada de culpabilidad al reconocerse como un privilegiado que puede compartir una comida con amigos mientras multitud de seres humanos carecen de refugio contra las balas o el frío. Sus palabras señalaron directamente a los responsables que gestionan la violencia desde despachos acristalados. Ante esa realidad, el autor defendió el uso del libre albedrío y de la queja poética como una vacuna y una protesta necesaria frente a la destrucción del planeta. Asimismo, dedicó una mención especial a la presencia de la infancia y de la nostalgia en sus versos, encarnada en los ojos del niño que aún lleva dentro y en el legado que deja a sus hijos y a sus dos nietas en un mundo imperfecto.

El retorno definitivo a la llanura

El acto concluyó con un emocionado capítulo de agradecimientos. El poeta ensalzó la labor de su editor, Julio Criado García, a quien agradeció el esfuerzo para ayudarle a reconectar con sus raíces manchegas a través del circuito cultural de la provincia. Tras desarrollar la mayor parte de su trayectoria en Cataluña, Sánchez Rivas anunció su firme compromiso de presentar cada nuevo libro en su tierra natal, señalando ya sus próximos planes para llevar sus versos a localidades como Torre de Juan Abad. El autor también agradeció la nutrida presencia de poetas locales y de su propia familia, quienes le arroparon por sorpresa en las butacas del auditorio.

Como broche final a una jornada de alta intensidad lírica, Vicente Castellanos regresó al escenario para interpretar «Abriré», una canción compuesta en agosto de 2024 basada directamente en un poema de Sánchez Rivas. Los acordes finales arroparon unos versos que hablaban de abrir la mente para llenar de sentido las palabras vacías, cerrar las manos para aprisionar el aire de los cuartos habitados en sueños y salvar los besos perdidos en la noche. Con la música aún resonando en los muros colonizados por la historia de la antigua ermita, el autor se dispuso a firmar ejemplares, sellando un reencuentro definitivo entre el creador, sus raíces y una comunidad de lectores que encontró en los silencios del poeta un refugio contra el ruido del mundo.

El Cerro de Salamanca

El viaje multidisciplinar de “Entre silencio y silencio” no se detiene en los horizontes de la llanura manchega. Tras el éxito cosechado en Valdepeñas, la geografía poética de Jesús Sánchez Rivas abre un nuevo capítulo en su itinerario, trasladando su trinchera de palabras hacia el oeste peninsular. La próxima parada tendrá lugar el viernes 21 de agosto, a las 18:30 horas, en la Sala Ágora de la Plaza Maximiliano Pérez, en la localidad de El Cerro (Salamanca).

Será un encuentro que volverá a conjugar el respaldo institucional con la emoción limpia de la rapsodia. El acto contará con la apertura y bienvenida de Juan Carlos Garavís, alcalde del municipio salmantino, reafirmando el compromiso de los espacios públicos con la cultura vinculada a la tierra.

En esta ocasión, las aristas y los cuatro grandes ejes temáticos del poemario cobrarán vida a través de las voces de Rose-Marie Cayero Hernández y Honorio Díaz Sánchez, quienes ejercerán como mantenedores de la velada, junto al rapsoda José Ignacio Pérez Ramos. Juntos, serán los encargados de desgranar poemas del volumen, ofreciendo a los asistentes salmantinos ese espejo vivencial frente al ruido del mundo.

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