Joseph E. Stiglitz, Ilustre economista y premio Nobel de Ciencias Económicas del Banco de Suecia, escribió un libro bajo el título: “Etiopía: cuando el FMI es tu enemigo”. Viniendo de quien venía provocó más de un sarpullido, pero no iba mal encaminado. Etiopía azotada por la sequía y la hambruna se le exigió liberar su mercado financiero y fue sometida a la suspensión de la ayuda exterior. Qué falta de humanidad.

“Lo nuestro no es hacer obras de caridad” sentenció Dominique Strauss-Kahn a la sazón Director Gerente del FMI en el periodo 2017-2011. Menos mal que era ideológicamente socialdemócrata aunque su carrera política acabó estrepitosamente bajo múltiples denuncias por agresiones sexuales. Al lado de su sede se encuentra el Banco Mundial, que nada más entrar en el edificio exhibe un lema: “Nuestro sueño: un mundo sin pobreza”. El objetivo inicial no es el mismo, digo yo.

Cuando los países más pobres y necesitados piden ayuda al FMI firman en un barbecho impotentes ante la acuciante necesidad sin posibilidad de solución inmediata, aceptando cualquier cosa y si fuera necesario entregan la soberanía económica de su país.

¿Cuáles son las reglas? Pues fluctúan en función de las motivaciones políticas y de las reformas exigidas siempre bajo el prisma de la privatización, desregulación y austeridad que normalmente determinan las condiciones de vida de los ciudadanos.

En el momento de su creación coincidiendo con el Banco Mundial, su misión era muy clara: coordinar las políticas monetarias y prestar ayuda a las naciones repentinamente necesitadas mediante un fondo común al que contribuyen todos sus miembros.

Y es justo reconocer que sin su ayuda algunos países habrían sufrido un grave descalabro en sus cuentas públicas, pero con el tiempo el FMI evolucionó hasta convertirse en una especie de fortificación militar de la ortodoxia neoliberal y a pesar de haber reconocido expresamente que la austeridad exigida a los países no ha hecho otra cosa que limitar el crecimiento económico, sus postulados siguen vigentes. Incumple con su misión de promover la estabilidad global si tenemos en cuenta que cada vez las crisis económicas son más frecuentes y profundas.

Otro detalle. A la hora de votar, no todos los votos tienen el mismo valor, quienes más aportan tienen más derecho de voto, de tal manera que EEUU ostenta el derecho de veto en decisiones de gran importancia.

Para entendernos, el FMI no es otra cosa que el Departamento del Tesoro de EEUU.

Félix Calle. Doctor en Economía y Empresa.

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