Asociación Portus Planus.– En 1875, el apicultor estadounidense Moses Quinby inventó el ahumador, para amansar y manejar a las abejas, convirtiendo este material apícola en el más fiel compañero del apicultor para las inspecciones del colmenar.

Con dosis moderadas el humo vuelve más dóciles a las abejas y las desorienta, si nos pasamos en la cantidad, las abejas se irritan más y también puede afectar al sabor de la miel.

Con la dosis adecuada, las abejas serán menos agresivas durante unos minutos. El efecto del humo sobre las abejas es sobre todo distractivo, ya que la amenaza del fuego es un estímulo mayor que el que pueda causar el apicultor.

Las abejas, al detectar el humo, empezarán a ventilar los panales para enfriarlos y muchas irán a llenar sus buches de miel ante la eventualidad de tener que abandonar la colonia por el fuego.

El ahumador debe suministrar una humareda copiosa y fría, es decir, blanca y densa.

El ahumador más utilizado es el de fuelle. Está compuesto por un cuerpo metálico cilíndrico con salida en forma de tubo en la parte superior, conectado a un fuelle exterior que suministra aire mediante accionamiento manual.

También los hay eléctricos que sustituyen el fuelle por un ventilados eléctrico.

Para operaciones rápidas se puede utilizar un espray con sustancias parecidas al humo.

Para generar el humo se utilizan combustibles como: cartón, algodón, carbón, pellets, virutas y otros. Se trata de que permanezca encendido el máximo tiempo posible, también debe generar un humo blanco y frío y arder sin llama.

Saber ahumar una colmena es determinante para la actividad apícola: la serenidad en el trabajo y el éxito de todas las operaciones interiores dependen de ello.

Lo primero será ahumar la piquera (abertura por donde entran y salen las abejas).

Las abejas, ante el temor de un peligro, se hartarán de miel y emitirán un zumbido prolongado. Tras esperar unos segundos, se procederá abrir la tapa e ir ahumando continua y pausadamente sobre los cabezales de los cuadros para ir haciendo descender a las abejas.

Las abejas junto con el viento son los principales agentes polinizadores.

Los enjambres de abejas están en franco peligro, varias enfermedades, el uso cada vez mayor de pesticidas en el campo, hacen peligrar los enjambres, a todo ello se suman los incendios cada vez más frecuentes e intensos.

Si las abejas desaparecieran, la humanidad tendría un serio problema.

Tranquilizadas las abejas, el apicultor retira los panales y recupera la miel en una centrifugadora manual.

Como es lógico, estos procesos, han evolucionado como tantos y tantos otros. Ahora se utilizan modernos equipos como centrifugadoras eléctricas. Los panales se almacenan en naves adecuadas, los panales se calientan a unos 30º C para favorecer la salida de la miel al centrifugar.

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