Desconozco si en los países de nuestro entorno sucede lo mismo que en el nuestro a cuenta de la opinión sectaria que pueda generar un determinado artículo.
Y es que escribir tiene sus riesgos, aún más para los profesionales del gremio. Al parecer, la comprensión lectora no pasa por sus mejores momentos, bien intencionadamente o porque nos encontramos con un grave problema cognitivo.
Intuyo que hay una predisposición antes de leer cualquier artículo, dependiendo de quién sea el autor o el medio divulgativo, a entender si la noticia que se plasma en papel es creíble, un bulo o un invento chino. Que sí, que gozamos de libertad de opinión, cosa distinta es querer oscurecer el relato, olvidarse de algo tan primordial como es la objetividad y ponerle si fuera preciso música de guitarra.
Si la opinión interesada es destructiva, les puedo asegurar que el “fuego amigo” es mortal, acaban con las reservas de munición, además de aporrearte en redes sociales y mostrar un tétrico escenario envolviendo a los que opinan lo mismo en una espiral cada vez más cerrada. Se reemplaza cualquier cosa por la ideología, solo les falta balar, pero hasta para eso hay que hacerlo con elegancia. El más “iluminado” se atreve incluso a exhibir filigranas retóricas y querer tener siempre la posesión del balón. Lealtad irracional, NO.
Tampoco es exclusividad de las personas, los medios de comunicación afines de uno y otro lado contribuyen a la polarización ideológica de la prensa y de los ciudadanos, que pudiera dar lugar a que la sociedad se encuentrase en una fractura ideológica irreconciliable.
¿Se puede poner freno a estos movimientos extremistas?
Niegan ser sectarios, pero por sus obras los conocemos.
Félix Calle. Doctor en Economía y Empresa.
