Está lejos de cualquier duda la importancia de la economía y sus consecuencias en nuestras vidas, lo que justificaría la necesidad de adquirir ciertos conocimientos para mejor entender de aquello que nos condiciona, el impacto que pueda suponer con mayor o menor intensidad en las economías familiares y el horizonte temporal que se avecine.
Dicho esto, la enseñanza debe comenzar en las aulas preuniversitarias, estoy de acuerdo, no solo para ofrecer al alumno la posibilidad de familiarizarse con unos conceptos y terminología cada día más complejos, de gran relevancia en la vida real, sino para un teórico desembarco a estudios universitarios de la materia, en cuyo caso requiere una sólida formación básica. Conocimiento básico adquirido en las primeras etapas educativas sí, pues tarde o temprano cualquier joven se va a enfrentar a la apertura de una cuenta bancaria, solicitud de un préstamo, firma de contrato mercantil o laboral o tal vez, quien sabe, algún interés de tipo inversionista bursátil o inmobiliario.
Reitero, como tantas veces, que la economía es una ciencia social y como tal se encarga de estudiar el comportamiento de las personas, producción, consumo y cómo de buenos administradores son para que con recursos limitados puedan satisfacer sus necesidades ilimitadas, de tal manera que el alumno pueda entender mucho mejor la sociedad y poder detectar sus problemas. Eso sí, requiere la adopción de una actitud crítica y reflexiva ante dichos problemas, es la manera, diría la única manera, de analizar las posibilidades más justas y solidarias.
Desde mi perspectiva personal de la enseñanza universitaria de la materia, observo falta de análisis crítico de las diversas teorías y escaso pluralismo en el pensamiento económico, factores tan importantes que con demasiada frecuencia nos lleva a una total desconexión con la realidad, que es lo que en definitiva se va a encontrar el alumno cuando pise la calle en plan personal y profesional. La disciplina no puede impartirse alejada de la dimensión ética, política, incluso filosófica.
He manifestado muchas veces, que en 1975 en vida del dictador tuve la gran suerte de asistir a clase con un profesor de economía que no tuvo inconveniente alguno permitirnos debatir la Historia del Pensamiento Económico, incluido el manifiesto de Karl Marx y Engels. Fue valiente porque las circunstancias políticas, pueden imaginarlas, no eran las mejores para jugarse el tipo ni el sustento, pero primaba su magisterio crítico. Así se avanza.
Igualmente digo, sería muy recomendable que los docentes tuvieran experiencia profesional, lo que indudablemente redundaría en una mejor formación del alumnado.
Tampoco pretendo que se estudie economía por las mismas razones que lo hizo mi admirada economista Joan Robinson: “… para no ser engañada por los propios economistas”. Pero casi, viendo los intereses propios que quieren ocultarnos bajo gráficos, números y terminología técnica para no entender nada y establecer verdades previamente diseñadas. Por eso, fue una de las economistas más influyentes del siglo pasado.
La cruda realidad es que las fuerzas económicas que actualmente operan en el mercado dan lugar a que la economía condicione decididamente nuestra vida afectando a nuestra realidad social. Crecimiento, recesión, inflación, deflación, tensiones geopolíticas provocando fragmentación comercial, riesgos, incertidumbre, cambios estructurales, volatilidad, crisis climáticas o de cualquier otro tipo, impuestos, deuda pública.
Demasiadas incógnitas para permanecer en el limbo.
Félix Calle. Doctor en economía y empresa.
