Por una vez he de reconocer, sin que sirva de precedente, que la política comercial internacional del presidente Trump ha dado su fruto, ha servido de acicate.
Han tenido que transcurrir 26 años para que las conversaciones entre la Unión Europea y Mercosur (Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay) hayan acabado en un principio de acuerdo. ¿A qué es debido? El cordón detonante lo ha aportado el presidente norteamericano, con su agresiva política comercial, con su guerra arancelaria particular, obligando a ambos bloques a ser conscientes de que nos encontramos en un escenario internacional incierto. Su lema preferido “Estados Unidos, primero” ha alterado el orden mundial y ha recargado las pilas de los líderes europeos que ya anuncian en Davos que impondrán aranceles a más de 100.000 millones de dólares en productos estadounidenses. No es el único paso de quienes hasta el momento es el mayor socio comercial de EEUU y el más cercano.
Habían transcurrido pocas semanas desde la llegada al poder del líder republicano y la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, salió pitando y volando rumbo a Montevideo para hacer llegar al bloque sudamericano la disponibilidad de un principio de acuerdo por parte de la UE.
Un acuerdo eminentemente económico/geoeconómico, que se traduce por simplificar en los siguientes aspectos:
- El acuerdo supone la creación de la mayor zona comercial del mundo.
- Entre la UE y Mercosur suman unos 720 millones de consumidores potenciales.
- El 92% de los intercambios comerciales quedarán libres de aranceles en 15 años. Hay que derribar fronteras comerciales, aseguran. No es ninguna tontería que el PIB de ambos ronde los 3 billones de dólares.
- Las exportaciones de la UE crecerán un 39% y Mercosur un 17%. En ello los europeos salimos beneficiados, además de su contento por las vastas reservas de materias primas que serán cruciales para la transición energética verde de la UE.
- A Mercosur también le interesa el negocio. A principios de siglo la UE era receptora del 30% de las exportaciones, hoy representa el 17%, de tal manera que tuvieron que dirigir su mirada hacia China, quien actualmente es su socio comercial más importante. A su vez, los europeos quieren recuperar su posición de antaño.
Pero no todos los países de la UE están por facilitar la firma del acuerdo. Francia ha dicho claramente no, mientras que España se manifiesta con la misma claridad por el sí. Hemos de considerar que será el Parlamento europeo quien debe ratificar el mismo, lo que a priori se antoja como resultado incierto. Los países de Mercosur también, pero con menos trabas.
Es notorio que el presidente Trump da la espalda a Europa y dado que Europa se
encuentra en un declive económico, no tiene otra alternativa que buscar acuerdos preferenciales con países amigos. Viendo el obstáculo de Trump se percibe necesario integrase en bloques geoeconómicos para ser más competitivos. Eso si lo permiten las divisiones internas de la Unión, que haberlas, haylas.
Como es habitual en todos los grandes acuerdos que proyectan grandes cambios, económicos en este caso, no todo es un camino liviano, existe un rechazo masivo por parte de los agricultores y ganaderos en países como España y Francia, donde casi a diario se están movilizando, por prever que menoscaba sus intereses. Y es que la política agraria europea no siempre ha sido justa ni empática con el sector. Han impuesto restricciones que con cierta frecuencia han provocado vergüenza ajena.
Será causa de debate intenso, complicado, en el Parlamento europeo, pero tengo la impresión de que la magnitud económica del acuerdo comercial habida cuenta, como decía, del declive económico actual, se va a imponer a las demandas de los agricultores y ganaderos. Vayan pensando en subvenciones y medidas compensatorias para ajustar el posible perjuicio a la producción nacional del sector.
Intuyo que la unión de ambos bloques no sea tanto por amor, sino por necesidad, y en eso, Donald Trump ostenta el papel de actor principal.
No han tenido que pasar muchos días, para que la Presidenta Von der Leyen anunciara un nuevo acuerdo comercial con la India (4ª economía del mundo), que se viene gestionando desde 2007, con unos 1500 millones de consumidores potenciales. Reducción de aranceles que supondrá un ahorro de 4000 millones de euros anuales para la UE, aunque de manera paulatina. De nuevo, la necesidad obliga.
Se siguen negociaciones con China (2ª economía mundial) y otros países hispanoamericanos.
Como verá, Mr. Naranja, Europa tiene alternativas, sus bravuconadas y amenazas le pueden salir muy caras a la economía de su país, observamos indicios claros de ello.
¿Se imaginan si todas las transacciones con estos socios comerciales se realizaran en euros en lugar de dólares? Desdolarización y reducción drástica de su influencia financiera. Casi nada.
Félix Calle. Doctor en Economía y Empresa.
