Hablar o escribir sobre la pobreza siempre me ha producido gran desazón. Aun así, me resisto a no tratar el tema por su manifiesta gravedad e injusticia. Lo plasmo en papel atendiendo a lo que decía el filósofo: “nada perdura salvo lo escrito”.

Es triste que a diario asumamos como “normal” la situación de los más desfavorecidos. Entiendo que no es fácil opinar ni discernir la verdad cuando uno antepone las emociones, por eso, utilizo la estadística e informes oficiales para no desvirtuar la situación, para que resulte eficaz el criterio de la verdad. Y de paso, olvidarme de eslóganes políticos repetitivos que más parecen sus promulgadores estar abducidos por la tartamudez. Una cantidad infinita de nada (Shakespeare).

Allá vamos.

Más de 1.100 millones de personas en el mundo se encuentran en pobreza extrema, la mitad de ellos menores de 18 años. Pobres en el acceso a la comida, el agua, la salud, educación y nivel de vida (informes de la ONU y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo).

Alrededor de 2.200 millones de personas en el mundo carecen de acceso a servicios de agua potable (datos de la ONU y UNICEF). Es decir, un cuarto de la población mundial.

Aproximadamente 250 millones de niños y jóvenes en todo el mundo, menores de 18 años, no tienen acceso a la educación (Informes de la UNESCO y UNICEF).

Más de 300.000 niños son soldados forzados a luchar, sin saber por qué. (Diversos informes de UNICEF, Save the Children, Amnistía Internacional, Comité Internacional de la Cruz Roja, ACNUR).

Un tercio del total de la comida producida para el consumo humano, se desperdicia. En cifras, más de mil trescientos millones de toneladas al año (según ONU y WWF). Sin hablar de los graves impactos medioambientales que origina, que este es otro tema a analizar.

El alma te duele aún más cuando en tu propio país el 28% de la población se sitúa en ese maldito umbral de pobreza, siendo la tasa de pobreza infantil más inaceptable todavía, ostentando el macabro honor de ser la cuarta más alta de los países europeos. (Informe de la Unión Europea y Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico). Entre los años 2014 y 2021 solo hemos sido capaces de reducir un 4%. Y eso que se supone que nuestra economía va como un “cohete”.

España y Eslovenia tienen similares niveles de renta, entonces ¿por qué aquí es el 28% y en Eslovenia el 10%? Decisiones políticas que se debe abordar como un problema estructural. ¿Acaso no es obligación de los gobernantes atender las necesidades básicas de los ciudadanos, como la comida, incluso en tiempos de crisis? Sería bueno leer la historia del cónsul romano Caninio Resizio (contada por Cicerón), del que se dice fue nombrado cónsul por un solo día siendo tan diligente que nunca durmió buscando el
bienestar de Roma, principalmente en acciones tan elementales como alimentar a la multitud. Para el filósofo, el cónsul más honesto. Tal vez por eso, lo nombraron un día por la mañana y lo destituyeron el mismo día por la tarde.

Mientras tanto, el 10% más rico ejerce el control del 75% de la riqueza mundial; para mayor abundancia el 1,2% más rico es poseedor del casi 50% de la riqueza total. La brecha se sigue ampliando. El último informe de OXFAM Intermón, señala que el número de las personas en la pobreza apenas ha cambiado desde 1990, al contrario de los milmillonarios cuya riqueza registra un aumento meteórico año tras año. Más concretamente, en el 2024 se verificó un crecimiento de unos 5.700 millones de dólares al día, tres veces más rápido que el año anterior.

Un dato más: uno de cada cinco niños de 40 países más ricos, sufren la siniestra situación.

Me considero un economista humanista. Siempre lo seré, asumiendo que más de uno opine que estoy en el “lado oscuro de la economía”. Reproduzco cuanto decía el profesor Sampedro: “hay dos tipos de economistas, aquellos que trabajan para hacer más ricos a los ricos y aquellos otros que trabajan para hacer menos pobres a los pobres”.

Soy de los segundos. En el lado oscuro.

Félix Calle. Doctor en Economía y Empresa.

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