El 23 de febrero de 1981 quedó grabado para siempre en la memoria colectiva de los españoles. Han pasado 45 años desde que el teniente coronel Antonio Tejero irrumpiera armado en el Congreso de los Diputados, intentando quebrar la voluntad democrática de un pueblo que apenas comenzaba a caminar en libertad tras décadas de dictadura.
Casualmente, su fallecimiento estos días coincide con la desclasificación de los documentos oficiales sobre el 23F, lo que nos invita a mirar atrás con serenidad, rigor histórico y profundo sentido democrático. No desde el rencor, sino desde la memoria responsable.

En esta foto aparezco joven, sosteniendo una pancarta en la que puede leerse con claridad “Democracia Constitución”. A mi lado, hombres y mujeres comprometidos con una España que acababa de iniciar el camino de la libertad. No era una consigna vacía. Era una convicción profunda. Era el deseo de consolidar un sistema democrático que aún estaba dando sus primeros pasos.
Desde aquí quiero agradecer a esos hombres de la época como Blas Camacho, Pedro Menchero o Miguel Ángel Martínez, firmes defensores de la Constitución.
Esa foto no es nostalgia. Es recuerdo y responsabilidad. Es la prueba de que la libertad no es un bien automático, sino una conquista que exige compromiso permanente. España supo defender su democracia en uno de los momentos más delicados de su historia reciente.
En este artículo quiero hacer mención especial a la figura del Rey Juan Carlos I, que con la desclasificación de los papeles del 23F se ha demostrado que dijo la verdad, fue fiel a sus creencias mostrando una actitud tajante evitando el golpe de Estado en nuestro país.
El Rey mantuvo la compostura en uno de los momentos más críticos de nuestra historia reciente. Su actuación fue determinante para preservar la estabilidad institucional y evitar una fractura irreparable.
La historia reciente de España no puede entenderse sin la figura de Juan Carlos I. Su intervención decisiva frente al intento de golpe de Estado liderado por Antonio Tejero el 23 de febrero de 1981 marcó un antes y un después en la consolidación democrática.
España ha demostrado a lo largo de su historia y no solo de la nuestra, sino de la historia del mundo que sabe afrontar los debates complejos con responsabilidad. El regreso de Don Juan Carlos I a España, si así lo decide, puede abordarse desde la serenidad, el respeto a la legalidad y el reconocimiento a su papel en la defensa de la democracia en uno de sus momentos más críticos.
