De nuevo, el centro social “La Siembra” (en la calle Guadalmez, 15, Ciudad Real) amanece lleno de pintadas, pegatinas con lemas medievales, anacrónicos y agresivos. Pintadas hitlerianas, homofóbicas y fascistas reiteran su visita una vez más, mientras que el resto de fachadas a su alrededor lucen impecables, libres de toda mácula de la derecha más violenta. Cuando uno pasa por delante, lee las noticias sobre estos ataques reiterados, se pregunta, ¿por qué? ¿Qué ocurre en este lugar que abrió hace apenas un año para convertirse en un foco de ataques?

La respuesta podría ser que es un centro abierto, donde se debate, se presentan libros autopublicados de escritores “pequeños”, se promocionan artistas que no encuentran un lugar donde exponer sus obras, sus canciones, su música, sus ideas y, además, son acogidos con entusiasmo y cercanía.

No exageramos cuando decimos que el centro se ha visto acosado. En este año, al margen de las pintadas, también han sido cortados los focos. Parece que el mensaje es claro: no quieren lugares donde se respire la libertad de creación, la libertad de debate y la libertad cultural. Antes bien, prefieren acudir con nocturnidad y alevosía al centro para causar los máximos daños posibles. Su objetivo es claro: acosar a sus propios compatriotas. Su intención es menospreciar el arte, la música y la literatura que se lleva a cabo en la Mancha.

No entienden que España es un mosaico cultural, histórico y creativo en el que deben existir lugares como “La Siembra” para ofrecer una oportunidad de crecimiento a aquellos que lo desean. Para enriquecer el patrimonio cultural nacional y regional. Un espacio de encuentro en el que se debaten las realidades, interpretaciones y creaciones de los que allí participan. Donde los poemas, visiones, relatos y discursos se transforman en rap, música electrónica, ensayos, pinturas, fotografías y novelas. ¿En qué épocas de la historia de España se acosó a los artistas, pintores y cantantes? ¿En qué bando se encontraban los grandes literatos españoles? ¿Fueron los opresores o los oprimidos?

En el centro social “La Siembra” se esfuerzan por ofrecer un espacio abierto a las principales corrientes artísticas, intelectuales y culturales, así como las inquietudes de las ciudadanas y ciudadanos, lejos de círculos restrictivos y opresores. Un espacio en el que no caben visiones propias del medievo, sino que se habla de historia, arte, música y otras disciplinas culturales desde una perspectiva crítica, pedagógica y constructiva. Nuestra visión se aleja de aquellas fuerzas políticas propias de la derecha más agresiva que son impotentes de construir nada y esa frustración la pagan con los centros sociales que tratan de destruir. ¿Acaso no les da vergüenza ir tras sus propios compatriotas? ¿No son capaces de luchar contra los fondos de inversión extranjera que nos roban nuestros hogares? ¿No se sienten valientes para acudir si no es bajo las tinieblas? El propio doctor Samuel Johnson, poeta y ensayista británico, citaba que «el patriotismo es el último refugio de un canalla» y parece que lamentablemente llevaba razón. Al ver qué hacen, nos produce más lástima que rabia. Nos parecen más una jauría de gamberros con demasiado tiempo libre en lugar de unos revolucionarios comprometidos con el cambio social. Más un puñado de matones que no tienen a dónde ir en lugar de unos estrategas de la táctica política. Una tribu de cafres presuntuosos atacando edificios bajo la tupida capa de la noche que unos guerreros honorables. En fin, son los falsos profetas que identificó Jesús en el Evangelio de Mateo, inmortalizándolos en su célebre “por sus obras los conoceréis”.

Pero, ahora que esta piara ha sido retratada, nos dirigimos a ti, lectora o lector. ¿Debemos seguir permitiendo que estos grupúsculos sigan adelante con sus chapuzas? ¿Nos podemos permitir perder un lugar de encuentro y libertad como es el centro social “La Siembra”? En su corta existencia, parece que sus enemigos la han puesto en su punto de mira. No se trata de mirar desde la distancia. Tú sabes lo que puedes hace

Guillermo Dorado

Un comentario en «Quien nada siembra, nada cosechará»
  1. Que estas cosas pasen en mi ciudad, por desgracia, no me pilla de sorpresa. Es triste, lamentable, y es propio de gente intransigente, que nisiquiera son capaces de pensar por ellos mismos, odian por odiar y se amparan en el refugio y el anonimato que da la masa y la nocturnidad con la que llevan a cabo sus actos. Enemigos del que no es uno de ellos, del que no se deja llevar, del que tiene ideas propias y no tiene miedo a decirlas en voz alta.
    Personalmente creo que no hay que tirar la toalla, no sé si se ha puesto denuncia ni si el ponerla es garantía de que se vaya a hacer algo, o grabarlos mientras lo hacen, aunque mucho me temo que no irán a cara descubierta, cobardes hasta para éso, pero este tipo de vandalismo es el pan de cada dia en ciertos grupos y una lacra difícil de erradicar. Sólo puedo decir que tenéis mi apoyo y el de mucha gente y creo que hacéis una buena labor, ánimo!

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